Comentario al Evangelio del 2 de abril de 2026

Fecha

02 Abr 2026

Hay un buen misionero claretiano, Maximino Cerezo Barredo, que ha dedicado toda su vida a evangelizar a través de la pintura. Sus murales y pinturas están presentes en iglesias de toda América desde Canadá hasta Argentina. Una de sus genialidades ha sido aunar en la misma pintura dos escenas evangélicas profundamente relacionadas entre sí: la última cena de Jesús, el momento de la institución de la Eucaristía, que aparece en los evangelios sinópticos de Mateo, Lucas y Marcos, con la escena del lavatorio de los pies, que el evangelio de Juan sitúa en el momento de la última cena pero que parece sustituir al momento de la institución de la Eucaristía que Juan no recoge.

El hecho es que entre las dos escenas se nos hace claro y transparente el significado más profundo de la Eucaristía. Conviene tenerlo presente en este día de Jueves Santo y en todas las Eucaristías en las que participemos.

En los sinópticos, Jesús se nos aparece como el que da de comer y beber a sus discípulos. En el hecho de participar de la misma copa de vino y del mismo pan, entendemos que Jesús se hace comida y bebida para nuestra vida. Es alimento de vida eterna. Pero también es algo más. Compartir el pan y el vino que nos ofrece Jesús es comprometernos a compartir su vida y su destino. Hacemos nuestra su misión de anunciar el Reino, el amor de Dios para todos y, en primer lugar, para los más pobres y marginados. Porque a esos les pone Dios en primera fila. Es la condición inevitable para que su amor sea universal.

En el evangelio de Juan esta escena se sustituye por el lavatorio de los pies. Es una forma concreta de demostrar como Dios mismo se pone al servicio de los hombres. Jesús, que en su vida y en su forma de actuar nos manifiesta/revela como es Dios, se inclina ante sus hermanos y les lava los pies. ¡Lo que en aquel momento hacían los esclavos! ¡Dios se hace esclavo nuestro! Dios se pone a nuestro servicio. Su amor es realmente amor y entrega hasta el final. Las palabras de Jesús al terminar su gesto de lavar los pies a sus discípulos deben ser una orden para nosotros: “¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis «el Maestro» y «el Señor», y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros.” Sobran más palabras.

Fernando Torres, cmf

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