Comentario al Evangelio del 19 de noviembre de 2026

Fecha

19 Nov 2026

La ceguera no es inocente

Se dice a veces que la ignorancia no es excusa. Porque la ignorancia a veces es deliberada, querida. Ver puede suponer cambiar algo, renunciar a algo, o aceptar algo importante. La falta de reconocimiento de la verdad tampoco es inocente. El problema es que, el ver bien, el reconocer, a menudo tiene consecuencias que nos sacan de la comodidad.

He oído alguna vez que, en un ambiente urbano, hablar del Cordero puede resultar chocante e incomprensible. Ciertamente, es más fácil hablar de Jesús como amigo y compañero de camino, que reconocer en él al Cristo, Cordero que quita el pecado y que es la única salvación. El Cordero es reconocido como digno porque ha derramado su sangre. Y con ese derramamiento, ha sido sacerdote, es decir, puente entre Dios y la humanidad, que “ha adquirido para Dios a hombres… y ha hecho de ellos, a su vez, un reino de sacerdotes”.

Los pertenecientes a ese reino de sacerdotes, profetas y reyes, que parece, y ciertamente lo es, un enorme honor, llevaría necesariamente a imitar al Cordero, para seguir extendiendo esa salvación. El reconocer esa gran llamada a pertenecer a un reino de sacerdotes, profetas y reyes lleva a estar dispuesto a dar la sangre del tiempo, el esfuerzo, la donación y abnegación total. Es, en cierto modo, aceptar el martirio, es decir, el llevar el testimonio hasta las últimas consecuencias. No reconocer al Cordero, y dejarlo en el cómodo amigo y hermano, sin entrega y sin sangre es elegir la ceguera. Y es elegir no pertenecer a ese reino de redención. Negarse a pertenecer al reino puede ser ligeramente más cómodo en este mundo, pero lleva al vacío. Ese negarse reconocer el don que se recibe con el Bautismo de Salvación en la sangre de Cristo, conduce a la falta de paz. “Si reconocieras lo que conduce a la paz…” Y esa falta de paz lleva a una muerte cierta: no quedará piedra sobre piedra. Porque no abriste los ojos a lo que tenías delante, porque elegiste la más cómoda ceguera. Se te había dado fácil de ver y preferiste la ceguera. Y esa ceguera es culpable.

Cármen Fernández Aguinaco

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