Comentario al Evangelio del 19 de mayo de 2026

Fecha

19 May 2026

Quizá con excesiva frecuencia las acciones apostólicas o de evangelización nos resultan un esfuerzo complicado, que siempre necesita ser actualizado. Quizá hasta lo vivamos como un peso en el que cuentan sobre todo la creatividad y el ingenio y otros recursos personales. Y no pocas veces la forma prevalece sobre el fondo. Las lecturas de hoy quizá puedan iluminar esta dimensión de nuestra misión, pues presentan algunos rasgos característicos de dos campeones de la evangelización: Pablo y el mismo Jesús.

Solo nos ofrecen algunas pinceladas, pero son bastante representativas del espíritu o alma que debe guiar la acción evangelizadora. En Pablo destaca el empeño por cumplir el encargo recibido del mismo Jesús. Esto nos da una pista importante. Nos es lo mismo cuando la iniciativa evangelizadora parte de nosotros mismos, de nuestra creatividad, a cuando procede de un encargo recibido de otro. Sobre todo, si se trata de una autoridad. Es en este segundo caso cuando podemos estar seguros de que no nos predicamos a nosotros mismos. Riesgo constante de quien anuncia el mensaje.

En primer lugar, Pablo nos recuerda que, en este esfuerzo, no se ha ahorrado ni cárceles ni luchas, pero a él no le importa este precio, pues solo aspira a ser testigo del evangelio. En segundo lugar, destaca esa clare distinción entre su persona y lo que anuncia: ha anunciado enteramente el plan de Dios, ni ha ocultado, ni se ha reservado nada para sí. Esta distinción es clave; si me rechazas, no me rechazas a mí, rechazas la vida que viene de Dios.

El evangelio de Juan refleja el espíritu que ha guiado la actividad de Jesús: hacer la voluntad del Padre, dando la vida eterna a los que el Padre le ha dado. Y al acceso a ella se concentra en un acto de reconocimiento: que los discípulos reconozcan al Padre y a su enviado, Jesucristo. Jesús ha hecho su parte: ha comunicado las Palabras de Dios, ha facilitado que los discípulos reciban dichas palabras, las acepten, crean y guarden. El Hijo da gloria al Padre al cumplir este encargo, pero también el Hijo es glorificado por la fe de los discípulos, que han creído cuanto les ha sido anunciado. La gran lección que emerge de las palabras del evangelista Juan es que la misión de evangelizar es un asunto que se cumple en los discípulos pero que nace de la estrecha relación entre Jesús y el Padre. Algo bien lejano de la simple propaganda o de toda difusión religiosa. ¿Dónde nos situamos nosotros a la hora de pensar nuestras accione sevangelizadoras?

Carlos Luis García Andrade cmf

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