Comentario al Evangelio del 19 de agosto de 2026
Se habla de pastores y de rebaños en la lectura continuada de Ezequiel y de obreros y patrón en el evangelio de Lucas. Está bien para situarnos. Es posible que alguno de los lectores se pueda ver como pastor y parte del rebaño al mismo tiempo en el primer caso, pero imagino que la mayoría nos situamos tal como señala el salmo 22: el Señor es nuestro pastor.
Ezequiel profetiza, tal como le ordena Dios, contra los pastores, reprochándoles no solo que hayan descuidado su obligación, sino que han abusado y maltratado a las ovejas. En adelante, Dios mismo cuidará del rebaño.
Recordamos cuando Jesús Resucitado encomendó a Pedro que cuidara del rebaño. El nuevo pueblo de la alianza, la Iglesia, sí tiene pastores. Es bueno rezar por ellos, sin olvidar que Cristo es el Pastor. En mi parroquia, los jueves, durante la exposición del Santísimo, pedimos por los sacerdotes que viven situaciones espirituales y materiales muy diversas: por los que trabajan bien y mucho y por los que sufren de distintas maneras.
Cristo es también el patrón, el que ha llamado a trabajar en su viña. Vuestros pensamientos no son mis pensamientos, vuestro caminos no son mis caminos. (Isaías 55, 6-9). Lo que sorprende y enfada a los obreros es la falta de proporción entre los salarios. ¿Por qué pagar lo mismo por una jornada de trabajo que por una hora? Mateo no nos cuenta si la parábola termina con la aceptación de los obreros, aunque no deja de precisar el tono amistoso de la respuesta del dueño de la viña. Es un Dueño que piensa y camina con respuestas que superan nuestras formas de valorar y medir. Sin duda conoce la amargura de los últimos que vieron avanzar el día sin ser contratados.
Me parece que el patrón de la parábola es bondadoso hasta extremos que no podemos comprender del todo, como bondadoso es el padre del hijo pródigo, como bondadosa fue la inimaginable promesa hecha a Dimas desde la Cruz.
Virginia Fernández Aguinaco