Comentario al Evangelio del 18 de julio de 2026

Fecha

18 Jul 2026

En lo callado

Hay algo un poco contradictorio en las lecturas de hoy. El malvado “maquina” sus maldades en el lecho, es decir, en lo secreto y en silencio. Hace el mal disfrazado a menudo de bien… hasta que se sabe la extensión del daño y se descubre la podredumbre. Normalmente vemos que el mal siempre recibe la mayor atención en titulares de periódicos y medios de comunicación. Aunque se trame en el secreto del engaño, luego sale a la luz estruendosamente. Jesús les dice a los que reciben sus acciones sanadoras que no lo digan a nadie… Tanto el mal como el bien… ¿en silencio? Y parece contradictorio porque en otros muchos pasajes se urge a los seguidores de Jesús a proclamar la Buena Noticia, a gritar lo que se ha oído en secreto, a poner la luz sobre el celemín….

Los biblistas hablan del “secreto mesiánico” que, aunque sigue siendo muy misterioso, algunos interpretan como una prudencia de Jesús de no confundir su misión con milagros externos. Que sus acciones no se queden para los demás en fenómenos externos y extraordinarios, sino que se vaya comprendiendo poco a poco que el Mesías viene a traer una sanación total y, especialmente, una liberación del pecado. Que viene, en realidad, a restaurar la justicia de las relaciones entre Dios, la creación y los seres humanos. Se trata de ir entrando en la intimidad y la relación personal con el Cristo vivo. La reconciliación que se proclama en la antífona antes del Evangelio de hoy.  Lo bueno de la orden del secreto mesiánico es que los receptores de favores en general no obedecen la orden de Jesús, sino que anuncian una y otra vez los milagros que ha obrado Jesús. Parece que la orden, en lugar de prevenir, anima a salir gritando. Porque es de justicia que se conozca el bien y la luz.

Como dice el salmo, Dios no olvida a los pobres. El enviado, el ungido, no va a eliminar ninguna cosa buena, por pequeña que sea…hasta que se cumpla la justicia. Hasta que se acabe con ese mal urdido en silencio pero tan escandaloso. Como el Señor no olvida a los pobres, ni deja a ninguna cosa buena sin aliento de vida, su acción, urdida en el secreto del corazón de Dios, tiene que salir a la calle, ser conocida y proclamada.

Cármen Fernández Aguinaco

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