Comentario al Evangelio del 16 de octubre de 2026
¡Mira que tenemos pelos en la cabeza! De entrada, podríamos decir que son incontables o, como mínimo, muy difíciles de contar. Siempre está la excepción de los calvos, pero, siendo sinceros, calvos totales hay pocos y también es verdad que de todo tiene que haber en la viña del Señor. En cualquier caso, la comparación nos sirve perfectamente.
La comparación nos habla en primer lugar de la confianza infinita que tenía Jesús en su Padre del Cielo. Si éste no se olvida de los gorriones, que valen tan poco, cómo se va a olvi-dar de nosotros. ¡Hasta los cabellos de nuestra cabeza están contados! Y, por supuesto, no hay comparación entre los gorriones y nosotros.
Dos veces se repite en el texto evangélico de hoy la frase “no tengáis miedo”. No tener miedo tiene una relación inmediata con la confianza. El que se siente seguro, el que no tiene miedo, es que confía. Algunos confían en sus propias fuerzas. Pero está demostrado que está confianza no puede ser nunca total. Nuestras fuerzas son limitadas y, a menudo, nos toca enfrentarnos con situaciones y conflictos que nos superan. Aquí hablamos de una con-fianza mayor, de una confianza que está depositada en el que esto todopoderoso y a la vez es padre de misericordia. Cuando nos ponemos en sus manos, entonces sí que nos senti-mos seguros. Porque es Dios mismo el que está con nosotros.
Jesús supo llevar esa confianza hasta el final. Hasta el momento en que parecía que to-do, absolutamente todo, se ponía en su contra. Hasta gritar en la cruz primero “Dios mío, por qué me has abandonado” y luego, en el trance de la muerte, en la ceguera total, terminar su vida gritando: “En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu”.(Lc 23,46).
Pidamos al Señor que nos ayude a confiar hasta el final, a pesar de los pesares, a pesar de las apariencias. Y que así seamos capaces de superar el miedo que, a veces, nos ate-naza y nos impide seguir caminando y trabajando al servicio del Reino.
Fernando Torres, cmf