Comentario al Evangelio del 17 de julio de 2026

Fecha

17 Jul 2026

Vivir de corazón

Las lecturas de hoy parecen hablar de cosas distintas. En Isaías 38, Ezequías recibe la noticia de su enfermedad incurable, y luego la de su curación. “Salvaste mi vida, no moriré”, dice agradecido. Se había merecido morir, y sin embargo, se salva. El pasaje del Evangelio de hoy no parece guardar mucha relación con esto, pero sí demuestra que Dios está muy por encima de todo poder humano, e incluso de toda norma o costumbre. El Dios que cura a Ezequías cuando no había remedio, también hace que el sol retroceda; y es el mismo Dios que se declara Señor del sábado. Por encima de la norma, ve el hambre de sus amigos y se compadece.

Este es el Dios que, por misericordia, salva la vida a Ezequías, y da de comer a los discípulos en sábado. Es el Dios que pasa por encima de las expectativas humanas para mostrar un amor inmerecido e inesperado. Espera una respuesta: “misericordia quiero”…Y, ¿qué es la misericordia? La palabra misericordia viene de piedad (miser) y cordia (corazón). Es decir, no es un perdón a lo loco, ni una solidaridad secular, sino una acción del corazón, algo que llega a lo más profundo, El corazón de Dios se apiada de Ezequías y se apiada del hambre de los discípulos. El corazón de Dios se conmueve profundamente.

Pero, aunque él dé gratuitamente, no lo da sin consecuencias. Es decir, ahora toca a quienes han recibido misericordia obrar misericordia. Ahora toca al corazón de quien ha recibido el favor del corazón de Dios extender ese favor. Ahora toca al corazón humano conmoverse profundamente y mostrar misericordia… Contra toda expectativa. Mostrar misericordia es entrar en el corazón de Dios. Y esto es lo que quiere: la curación, el responder al hambre y a la sed de otros. Que todos se salven (es decir, se sanen). Los “sacrificios” externos, es decir, el culto, también habrá que hacerlos; pero con el corazón. Lex orandi, lex credendi. Es decir, no se puede orar bien, si el corazón no está ahí. No se puede creer bien si no se ora bien, con el corazón.

Cármen Aguinaco

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