Comentario al Evangelio del 15 de agosto de 2026

Fecha

15 Ago 2026

Meterle miedo a la muerte

Dice el padre de la Iglesia Germán de Constantinopla (+733) que “así como un hijo desea y procura estar siempre con su propia madre, y una madre anhela habitar con su hijo, así fue del todo congruente que Tú, que tienes un corazón lleno de amor al que es tu Hijo y tu Dios, retornaras hacia Él y que Dios, que manifiesta hacia ti un afecto filial, te hiciera estar en su compañía y participar de su propia vida”.

Esto puede sonar a una consideración tierna y familiar, pero tiene mucha más hondura teológica. No se trata de simple sentimentalismo. Si María es el primer fruto de la Redención de Cristo, al haber sido inmaculada desde su concepción, goza ya del fruto pleno, que es la resurrección de la carne. La Asunción no es, por tanto, una nostalgia sentimental de Jesús por su mamá, cuanto una consecuencia lógica. Cierto que el cumplimiento total de la redención se expresa en que María tiene que estar con Jesús en cuerpo y alma. No podría verse la plenitud de la Redención si María estuviera aún esperando la Resurrección.

Es, además, la certeza de que la promesa de redención se va a cumplir para todos nosotros. En el Apocalipsis, el dragón espera al fruto del vientre de la mujer para devorarlo. Pero la mujer se libra del dragón y va a un lugar preparado por Dios. El dragón espera a derrotar al propio Cristo, e implantar el reinado de la negación de Dios, regresar al Edén, donde los hombres querían tomar el lugar de Dios. Pero él vence porque su madre escapa del pecado y de la muerte. Y si escapa la Madre, escapa el Salvador y escapan todos sus hijos, todos los seres humanos de todas las generaciones. Y entonces se anuncia con gloria y poderío que ha llegado la salvación de Dios. “Tú eres el orgullo de nuestra raza…”

Todo en este día trata de viajes y de anuncios. La mujer escapa del peligro; en el evangelio, María va a visitar a Isabel, llevándole una Buena Noticia, anuncio de salvación. Por un hombre (Adán) vino la muerte, y por un hombre, (Cristo), viene la vida. Eva es la madre de todos los creyentes, pero sobre ella cae el peso; María pisa la cabeza de la serpiente y anuncia así la salvación. Hoy se celebra, en realidad, la victoria de Cristo sobre la muerte. Como dice san Juan Damasceno, (749): “¿Cómo era posible que la que albergó a Dios en su seno fuera devorada por la muerte? ¿Cómo podía ser absorbida por el infierno? ¿Cómo la corrupción podía atreverse a invadir el cuerpo que había recibido dentro de sí a la Vida? Todas estas cosas en modo alguno podían afectar el alma y el cuerpo de la que fue portadora de Dios. La muerte se llenó de temor, al contemplar a María, pues, con lo que había acontecido cuando atacó al Hijo de ella, aprendió a ser más prudente y precavida”. Y esta es nuestra prenda de resurrección y vida.

Cármen Fernández Aguinaco

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