Comentario al Evangelio del 14 de febrero de 2026
El día de los enamorados
Hoy día se habla mucho de empatía, pero menos de compasión. Parece que la gente acepta menos la compasión, por creer que es un sentimiento que mira desde la superioridad a quienes sufren. Pero no es así. Me ha contado el Chat GPT que la compasión va un paso más allá de la empatía, aunque se parece. La empatía es buena en cuanto que se refiere a comprender el sentimiento del otro. Pero la compasión implica eso y además el deseo de ayudar. Es una manera de amor activo.
Hoy se celebran los santos Cirilo y Metodio, que llevaron su compasión a entregarse con alma, vida y corazón a la tarea de que todos pudieren comprender la palabra de Dios mediante las traducciones a sus lenguajes y la lectura en su propio alfabeto. Una manera silenciosamente sacrificada y generosa. Hace un poco más de ruido san Valentín, por la comercialización que se ha dado a este buen hombre que ejercitaba su compasión bendiciendo los matrimonios de cristianos perseguidos y a punto de ser martirizados. No tiene mucho que ver con las flores, los bombones, y las mil manifestaciones más o menos aceptables de este día.
En el Evangelio de hoy se nos habla de la compasión primigenia, que nace de la observación de los sentimientos y necesidades de otros. Jesús se compadeció porque la gente lo había seguido durante tres días y no tenían qué comer. Es una compasión que se adelanta, además, a las consecuencias del sufrimiento presente: si regresan a sus casas, se desmayarán por el camino… Y eso lo llama a la acción. Cirilo y Metodio ofrecen la compasión de la Palabra, Valentín la de la relación y el acompañamiento mutuo. Jesús ofrece la más profunda: el alimento que permite que no desmayemos en el camino; el alimento que es Él mismo, porque nada más puede saciar el hambre. No entrega pan y peces, sino a sí mismo.
Habiendo sentido que los cirilos, metodios y valentines de este mundo se han compadecido de nosotros, recibimos ahora la compasión del mismo Jesús, que entrega su Cuerpo. Lo único que nos salva. Se nos invita a todos ahora a esa misma compasión. A compadecernos de la necesidad de verdad, de palabra, de relación y de acompañamiento de todos. Sobre todo, a compadecernos del hambre más profunda que solo se sacia con el Pan de Dios. Esta es nuestra misión como discípulos misioneros.
Cármen Fernández Aguinaco

