Comentario al Evangelio del 14 de abril de 2026
Hay muchas cosas de nuestra fe que pueden resultar, si no contradictorias, al menos sí bastante contra culturales o contra intuitivas.
Si alguien tiene un campo, como en el caso de la primera lectura, no es muy normal que lo venda y entregue todo el importe a unos señores que prácticamente acaba de conocer, por muy fascinantes que sean. En Hechos de los Apóstoles, la sabiduría de guardar para uno mismo se enfrenta a la locura de una comunidad con una sola alma y una sola mente. La comunidad donde todos los bienes se ponen en común.
Tampoco resulta muy normal que un símbolo de mal, de veneno y de engaño, como puede ser una serpiente, se convierta en símbolo de salud, como en el desierto cuando Moisés levantó la serpiente y todo el que la miraba se sanaba. La serpiente símbolo de curación proviene de la mitología griega, por varias razones: las serpientes mudan la piel, y además algunos venenos de serpientes se utilizaban y aun hoy se estudian, con fines terapéuticos. Moisés levanta una serpiente en el desierto y todo el que la mira, queda curado. La serpiente elevada se convierte en instrumento de salvación: la cruz, que representa una ignominia y un mal, se levanta y se convierte en medio de redención. La serpiente puede anunciar peligro, la cruz, salvación.
Así, elementos aparentemente contradictorios: desprendimiento de lo propio para el bien de la comunidad, sufrimiento y dolor para salvación, levantamiento de lo aparentemente mal para la redención, se juntan en nuestro imaginario cristiano, no como contradicciones, sino como afirmación de lo que es verdadero, santo, justo y salvador. Mirar al que se levanta sobre la tierra; no poner los ojos en nadie más que en Él. Esto es la salvación.
Cármen Fernandez Aguinaco

