Comentario al Evangelio del 13 de mayo de 2026

Fecha

13 May 2026
Finalizdo!

La alegría de mi juventud

Hoy en las lecturas hay un juego de lugares de felicidad: el alma, el vientre y el corazón. Isaías afirma que Dios es la alegría del alma. En la antigua misa, el introito comenzaba por “Subiré al altar de Dios, al Dios que es la alegría de mi juventud.” El problema es que, hoy día, en este mundo loco en que vivimos, parece muy difícil hablar de alegría. O quizá sea lo más fácil: porque no se trata de una alegría de risas, juegos, diversión y comilonas sino de algo mucho más profundo, y también más real. Entonces, ¿de qué alegría se trata? ¿Cómo es posible mantenerse alegre en un mundo lleno de dolor, en sociedades que parecen haber perdido el alma, en medio de la dificultad económica, la corrupción, o la enfermedad?

La respuesta parece estar en la lectura del Evangelio. Se le dice a Jesús “bendito el vientre que te llevó”… es decir, feliz el seno de María, porque es morada del propio Dios. Ahí está la verdadera alegría… Y Jesús extiende tal felicidad al corazón y al oído de quienes escuchan la Palabra y la ponen en práctica. Se trata, de nuevo de hacer “casa”, en el corazón y el alma, para Dios. ¿Es suficiente para tener la verdadera alegría? Pues parece que, en la lógica de Dios, así es. La alegría profunda y verdadera es la que trae poseer un verdadero tesoro: o más bien, ser poseído por el verdadero tesoro. Abrir la casa propia para recibir la inmensa Majestad de Dios supone hacer el espacio para que la Verdad, el Camino y la Vida nos habiten por dentro.

Leemos esto en el día de Nuestra Señora de Fátima. En el momento de las apariciones (como ahora), el mundo era un desastre. Era un desastre y una tristeza por la ausencia de Dios, el avance del mal… como ahora. La única solución parece ser abrir la casa a esa presencia que hace nuevas todas las cosas. Bendito el vientre… Feliz la casa… Benditos los que escuchan y ponen en práctica. Parece una rara alegría, pero es muy notable en las personas que la poseen. En las que son poseídas por Dios. Y es un gran contraste con los discursos amargos, llenos de ira, tristes, que vemos a nuestro alrededor, en los medios de comunicación, en las palabras vacías de políticos…  Benditos quienes se hacen corazón, vientre y alma para Dios. Ellos alcanzan la verdadera alegría a pesar de todos los pesares

Cármen Fernández Aguinaco

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