Comentario al Evangelio del 13 de julio de 2026

Fecha

13 Jul 2026

Luchar contra el mal

Seguramente a todos nos gustaría ser recordados como gente valiente, que defendió la justicia, la verdad y el derecho y que nunca tuvo miedo de enfrentarse a quien hiciera falta. Pero a veces el problema no es solo la falta de valor, sino también la falta de claridad sobre qué mal se combate. Para poder discernir, primero hay que mirarse a sí mismo. ¿Es posible que el mal—o partes del mal—estén en uno mismo? Isaías advierte a quienes ofrecen sacrificios externos y “parecen” muy buena gente por sus actos de piedad, pero necesitan quitarse el disfraz y desenterrar, dentro de ellos mismos, la misericordia, el servicio, la pureza de intención. Empezar por uno mismo, y ver dónde verdaderamente están las llamadas de Dios a darle culto de corazón. No es que no haya que cuidar la liturgia; pero la liturgia responde a la creencia profunda y verdadera.

Aunque no lo parezca, el evangelio también habla de discernimiento. La suegra, la madre, el pariente seguro que piensan que tienen razón… pero, ¿dónde está la verdad y de que lado nos ponemos? Cristo vino a traer la espada; es decir, a dividir entre bien y mal, entre verdad y mentira, entre justicia y desigualdad, entre egoísmo y generosidad, entre orgullo y dependencia de Dios. Quienes se imaginan grandes luchadores por el bien tendrán que pensar de qué lado en realidad están. Antes de combatir a ese miembro de la familia que tan errado creemos, tendremos que pensar dónde se ha situado nuestro corazón, no nuestra apariencia. Y la prueba nos la dan las últimas palabras del evangelio: Quien me recibe… quien recibe a uno de estos pequeños. A los pequeños, y a Cristo, no se les recibe con espada, pero luego sí hay que empuñarla en defensa de la verdad y del bien. Es decir, antes de luchar, recibir. Y luego sí, luchar en defensa de la vida, de la dignidad de todos, de la verdad de Cristo. No es fácil. Las palabras se pueden enmascarar fácilmente. El corazón puede también andar disfrazado de autojustificación y suficiencia.

Cármen Aguinaco

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