Comentario al Evangelio del 13 de agosto de 2026

Fecha

14 Ago 2026

Memoria selectiva

Nunca he conocido a nadie que lleve en un cuaderno el registro de las veces en que ha perdonado a alguien. Si alguien lo recuerda, seguramente no serán 490, más que nada, porque a la tercera probablemente ya se haya descartado al ofensor. Y esas tres, aunque no se apunten, están tan grabadas en la memoria, que al primer recuerdo surgen de nuevo, como una herida que ha cicatrizado mal. O quizá sea porque quien haya tenido la paciencia de perdonar 490 veces tiene un alma lo suficientemente generosa como para no acordarse del número mágico. Puede, sí, recordar que hubo heridas, pero el corazón ya está sano y limpio.

Tampoco parece muy probable que alguien haya apuntado el número de veces en que ha sido perdonado por Dios o por alguien cercano. Y es muy probable que tal número supere, con creces, las 490. Hoy las lecturas nos invitan a una memoria selectiva. Se deben olvidar las veces en que se perdona a otro, aunque se pasen de las 490. Se deben recordar, con estremecimiento y gratitud, las veces en que hemos sido perdonados, todos esos momentos de gracia en que se ha restablecido una relación o en los que la Confesión ha sido como un bálsamo. Lo contrario es el autoexilio, el destierro, el cautiverio en el resentimiento, la ingratitud y la ausencia de Dios. La falta de perdón al prójimo aleja de Dios… es, en realidad, una manera de infierno y de esclavitud. Es como el saco de piedras que lleva uno de los protagonistas de La Misión, que se castiga a sí mismo por sus horribles pecados… pero el peor peso es que no ha sido capaz de recordar el perdón siempre multiplicado de Dios. Porque son, precisamente, quienes hubieran podido ser víctimas, las que extienden ese perdón de Dios y rompen la cuerda del saco.

Recordar las acciones de Dios, a lo que invita el Salmo de hoy, es reconocer las infinitas veces en que hemos sido perdonados. Tal recuerdo tiene una consecuencia que consiste en olvidar las veces en que hemos sido ofendidos y perdonar… sin número ni recuerdo. O, más bien, con una memoria sana y feliz que sabe que ha sido perdonada y por lo tanto está liberada para perdonar una y otra vez.

Hoy celebramos también la memoria de los Mártires Claretianos de Barbastro, un grupo de jóvenes seminaristas con sus profesores que dieron la vida por su fe entre el 8 y el 15 de agosto de 1936. Como mártires, testigos, conocieron bien la gracia del perdón a sus perseguidores. Son conocidos como los ´martires de la Asunción”.

Cármen Fernández Aguinaco

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