Comentario al Evangelio del 12 de marzo de 2026
La resistencia de Israel para escuchar la voz de Dios y hacer caso omiso de sus indicaciones era uno de los pecados proverbiales de Israel, que denunciaron los profetas uno tras otro. Y el tono de Jeremías evoca el de quien ya no espera nada de este pueblo: Todo es hipocresía, han arrancado la sinceridad de su boca.
Y, sin embargo, con la venida de Jesús emerge un pecado aún peor. A veces nos hemos podido preguntar ¿Qué será ese pecado contra el Espíritu Santo del que el mismo Jesús llega a decir que “no podrá ser nunca perdonado”? Quizá hasta alguna vez nos hemos podido escandalizar de escuchar a Jesús decir esta advertencia. ¿Hay algún pecado que Dios no pueda perdonar? ¿Qué puede ser tan grave?
Hoy la palabra evangélica nos lo muestra con claridad. Si tu supones que el poder de curación que Jesús ejercita sobre los endemoniados no viene del Espíritu Santo, sino que es por el poder del príncipe de los demonios ¿A quién le vas a poder pedir después que te sean perdonados los pecados? ¿A aquel que es el mismo principio del pecado? Es absurdo.
En realidad, te estás bloqueando a ti mismo la salida. Llama la atención la paciencia y lo razonable de la argumentación de Jesús: por una parte, argumenta lo absurdo de la objeción: Si Satanás trabaja contra sí mismo… ¿A dónde conducirá todo su esfuerzo?
Pero también les reprocha haciendo ver que no es sólo él quien expulsa a los demonios inmundos. Aquí se está refiriendo a los apóstoles, para hace ver que también ellos tienen que ser vistos como hijos de Satanás. Y les advierte: serán ellos vuestros jueces.
Y, con todo, no deja de pronunciar el anuncio, incluso para estos que se han mostrado tan malintencionados. Si yo echo los demonios con la fuerza de Dios…. El Reino de Dios ha llegado a vosotros. No puede dejar de cumplir su misión, y anuncia la llegada del Reino incluso ante quienes todo lo tergiversan.
Pero quizá es el comentario final el que mejor narra el desengaño y hasta el escepticismo de Jesús ante la respuesta del hombre: “el que no está conmigo está contra mi y el que no recoge conmigo, desparrama”. Poner a Cristo en el centro es la única opción razonable.
Carlos Luis García Andrade, cmf

