Comentario al Evangelio del 11 de junio de 2026
Queridos hermanos:
Con frecuencia los evangelistas han conservado fielmente las palabras de Jesús, pero sin saber con precisión dónde o en qué circunstancia o a quién las había dirigido. Ellos mismos tuvieron que agruparlas y crearles un marco en que resultasen significativas. Hoy el evangelista intenta marcar la distancia existente entre su comunidad y la dirigida por escribas de adscripción farisaica, por entonces los principales dirigentes del judaísmo. Al parecer, un judaísmo regido por estos escribas (=expertos en la ley) ha expulsado de la vida sinagogal a los judeo-cristianos, para los que escribe Mateo, que debían de ser superobservantes de la normativa judaica; estamos, por tanto, ante una comunidad dolorida, que no puede mirar con ojos muy objetivos ni especialmente benévolos la vida de sus antiguos correligionarios. El evangelista da a entender que los escribas fariseos no están en camino de salvación.
Y ofrece seis temas de buen comportamiento de los seguidores de Jesús, con el que superan las fallidas ansias de santidad del judaísmo que no le ha reconocido. De esos temas hoy se nos invita a meditar uno: el de la relación con el hermano. También en este campo Mateo recuerda que Jesús no ha venido a abolir la ley antigua, sino que reafirma aquellos mandamientos, hoy el de no matar. Pero desea llevarlo a plenitud; es decir, no basta con no llevar armas en la mano, sino que es preciso no llevar ira en el corazón.
Y luego ofrece, por pedagogía, otras manifestaciones de ese corazón sano. Los de Jesús extremarán la delicadeza, evitarán hasta el insulto más leve e inofensivo, el más insignificante signo de menosprecio. Según los expertos en arameo, las palabras que se han traducido por “imbécil” y “renegado” serían de significado mucho menos hiriente, tal vez equivalentes al castellano “melón”, que mezcla la ofensa con un cierto matiz de cariño, benevolencia o compasión.
El segundo ejemplo es más serio: retoma el tema profético de la contraposición entre ética y culto. Reaparece el Yahvé que pide “misericordia en vez de sacrificios” (Oseas 6,6), que menosprecia la sangre de machos cabríos ofrecida en el templo mientras se mantienen prisiones injustas: “aunque multipliquéis las plegarias no os escucharé, pues vuestras manos están llenas de sangre” (Isaías 1,15). Sin acogida fraterna, perdón o resarcimiento, no hay ofrenda cultual aceptable.
El tercer ejemplo, el de los caminantes hacia el juzgado, tiene una historia más compleja. Quizá se trata originariamente de un refrán, que podría tener hoy una gran actualidad: mejor un acto voluntario de conciliación que exponerse a la intervención de jueces y abogados. Pero Jesús debió de usarlo en el sentido de reconciliación con él mismo, es decir, de acoger su mesianismo y su mensaje, advirtiendo que de lo contrario nuestra existencia puede resultar malograda; ese sentido se le da en Lc 12,58s. Jesús pone a todos en crisis y exige una respuesta correcta. Pero Mateo, con una visión muy realista de su comunidad, aplica el refrán a quienes se enemistan y pleitean. Su Iglesia está formada, como las nuestras, por personas débiles, que a veces se ofenden y distancian; y el evangelista las exhorta a la reconciliación lo más rápida posible, inmediata.
Delicadeza para con el hermano, reconciliación rápida con el enemistado, poner el amor fraterno por encima del culto religioso… Así los seguidores de Jesús realizarán lo que, en definitiva, pretendía la antigua ley y superarán la moral de los escribas fariseos.
Vuestro hermano
Severiano Blanco cmf