Comentario al Evangelio del 11 de agosto de 2026

Fecha

11 Ago 2026

Azúcar!

Varias veces aparecen las palabras “dulce” y “dulzura” en las lecturas de hoy, completadas con la imagen de inocencia de los niños. Hoy, fiesta de santa Clara de Asís el pensamiento va al “tímido y dulce Francisco de Asís…” Quizá todo suene un poco empalagoso. Pero si algo es la Palabra de Dios es poco empalagosa, por lo exigente que resulta. Parece que la dulzura de la que se habla no es la dulzura de lo fácil y más cómodo. A Ezequiel se le instruye a comer el rollo y, efectivamente, es dulce como la miel… Pero lo importante es lo que va detrás, que es la llamada a un anuncio arriesgado, valiente y a veces conflictivo.

Se trata de la dulzura de lo que es bueno y santo. Y. como dice el Salmo, de la dulzura de la promesa. Y la promesa se da en momentos reales de la vida, no siempre fáciles, pero siempre necesitados de una fidelidad y fortaleza que a menudo no son un camino de rosas, pero que se pueden afrontar con la miel de la seguridad de la fidelidad de Dios.

En el Evangelio se dice que los más grandes en el Reino son los más pequeños. No se trata de una permisividad ni una tolerancia que puedan parecer dulces pero que al final producen frutos amagos. Se trata de la dependencia total de Dios; del no querer hacer las cosas por uno mismo como si todo dependiera de las propias fuerzas. La grandeza del Reino—y por tanto, la de los niños—no trata de demostrar poder, capacidad, brillantez, sino de fiarse totalmente de esa dulce promesa y de esa dulzura del rollo de la palabra de Dios. Dice un proverbio haitiano que la paciencia es amarga, pero sus frutos son dulces. Porque se trata de los frutos de una promesa que puede no estar aquí, sino mucho más allá, en la vida eterna.

Si Clara de Asís es una de las grandes santas de la Iglesia, no es por su azúcar, sino por esa profunda y terrible fortaleza de abandonar todo en manos de Dios, de no aferrarse no solo a nada material, sino ni siquiera a las propias fuerzas. Ese es el verdadero azúcar.

Cármen Fernández Aguinaco

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