Cuando era pequeño, me enseñaron, probablemente mi madre, una oración que decía: “Ángel de la guarda, / dulce compañía, / no me dejes solo / ni de noche ni de día”. Había que rezarla al momento de meterse en la cama. Cuando fui más mayor y aprendí a conducir, me dijeron, entre risa y bromas, […]