“Quiero misericordia, y no sacrificios” (Sal 116). Si conociéramos el amor de Dios, ¡si quedáramos, como representa la imagen con la que acompañamos el texto, con los ojos fijos en quien se entregó por nosotros!
“Quiero misericordia, y no sacrificios” (Sal 116). Si conociéramos el amor de Dios, ¡si quedáramos, como representa la imagen con la que acompañamos el texto, con los ojos fijos en quien se entregó por nosotros!
“El Señor es compasivo y misericordioso”
Descubre a María como refugio de pecadores y madre de misericordia. Una reflexión para quienes buscan volver a Dios y encontrar consuelo en su perdón.
La persona sólo es de verdad persona en relación profunda con las demás personas, es decir, en comunidad. Y una comunidad sólo merece de verdad este nombre, cuando es comunidad de personas.
Descubre cómo María, Misericordia del Padre, nos guía hacia el amor infinito de Dios. Una reflexión profunda sobre su papel en la historia de salvación.
En el primer Angelus después de su elección, amplificado a todo el orbe a través de los medios de comunicación, el papa Francisco contó, con esa cercana complicidad pastoral que le caracteriza, que había leído un libro del cardenal alemán Walter Kasper, titulado La misericordia, que le había hecho mucho bien.
Quien se resiste al perdón no llega a conocer el amor de Dios, crece en un subjetivismo nocivo, se endurece, huye del propio conocimiento, busca los defectos de los demás, se incapacita para pertenecer a la comunidad, se vuelve juez inmisericorde, se convierte en pretencioso, piensa que es invulnerable, puede llegar a enloquecer.
“Quiero misericordia, y no sacrificios” (Sal 116). Si conociéramos el amor de Dios, ¡si quedáramos, como representa la imagen con la que acompañamos el texto, con los ojos fijos en quien se entregó por nosotros!
“El Señor es compasivo y misericordioso”
Descubre a María como refugio de pecadores y madre de misericordia. Una reflexión para quienes buscan volver a Dios y encontrar consuelo en su perdón.