La dimensión teologal-contemplativa de la Vida Consagrada
La dimensión teologal-contemplativa de la Vida Consagrada
No es, tanto la muerte de Cristo la que nos ha salvado, cuanto su obediencia hasta la muerte.
Jesús es no sólo la personificación de la autoridad, sino también la personificación de la obediencia.
El anuncio y la denuncia, desde la propia vida y desde la palabra, es lo que caracteriza al verdadero profeta de Dios.
La infancia desempeña un papel decisivo en la historia de la salvación. Tan decisivo que viene a ser la condición indispensable de pertenencia al Reino.
No es un acto, que se realiza de una vez para siempre, sino un verdadero proceso, que ha de durar la vida entera.
La infancia espiritual, en el sentido de Jesucristo, es lo mismo que la madurez cristiana.
¿Hay que hacer las cosas porque están mandadas, o están mandadas porque hay que hacerlas?
Saberse conocido por Jesús y saberse amado por él, en igual medida y de forma absolutamente personal e inconfundible, es fuente inagotable de gozo y, a la vez, de exigencia.
Tal vez sería oportuno, para evitar lamentables y frecuentes confusiones, precisar la significación de algunas palabras que, muchas veces, se toman como sinónimas.
La permanente situación de cambio, en que se halla el mundo actual, se expresa en cambios profundos, acelerados y universales (cf GS 4-9), que suponen una verdadera transformación social y cultural, y que afectan grandemente a la vida religiosa, y que han de tenerse muy en cuenta en todo el proceso de su renovación-adaptación.