Vivimos entre edificios, pantallas y prisas, y es fácil olvidarnos de algo tan sencillo como esto: necesitamos la tierra para vivir. El pan no nace en el supermercado ni el agua aparece por arte de magia al abrir el grifo. Detrás hay naturaleza, trabajo y cuidados. Basta una sequía o una cosecha perdida para recordarnos que no lo tenemos todo en nuestras manos.
Hoy celebramos las Témporas de Acción de Gracias y de Petición. El nombre puede sonarnos lejano, pero la invitación es muy de hoy: pararnos un momento, mirar lo que recibimos y darle gracias a Dios. Por el alimento, por quienes trabajan para que llegue a nuestra mesa, por la salud, por las personas que nos quieren y nos sostienen. ¡Cuántas cosas damos por supuestas!
También es un día para pedir. Por quienes no tienen lo necesario, por los que trabajan el campo y viven pendientes del cielo, por quienes están pasando una mala temporada. Y por nosotros, para que aprendamos a vivir sin gastar y acumular tanto.
Jesús nos enseñó a pedir «el pan nuestro de cada día». Nuestro: también el de quien pasa hambre. Por eso, al dar gracias, conviene preguntarnos qué podemos compartir y qué podemos cuidar mejor.
La fiesta de hoy nos invita a eso: reconocer la bondad de Dios en lo cotidiano y responder con gestos sencillos. Cuidar la tierra, aprovechar los alimentos, compartir la mesa. Hay muchas maneras de decirle a Dios: gracias.