Liturgia Diaria Miércoles de la 2ª semana del Tiempo Ordinario

HACIENDO EL BIEN EN EL DÍA DEL SEÑOR
(1 Sm 17,32-33.37.40-51; Mc 3,1-6)

Introducción
¡David y Goliat! Un muchacho inexperto contrapuesto a un líder militar profesional. Con frecuencia en la Biblia los débiles aparecen más poderosos que los fuertes. Lo débil y pequeño atrae la fuerza de Dios. Lo importante no es precisamente que el muchacho, desvalido y desamparado, golpee con la onda y elimine al Goliat violento y fanfarrón, sino lo que cuenta es que Dios mismo da a conocer su grandeza, a pesar de la debilidad del hombre, porque él es el Dios y el Salvador de su pueblo.
Evangelio. Algunas veces reducimos nuestra religión a un asunto de leyes casuísticas: ¿Se permite trabajar en domingo? ¿Cuándo llega a ser pecado mortal, si llego tarde a la Misa? ¿Cometo pecado si no alzo mis manos al rezar el Padre Nuestro? A veces nos comportamos como niños inmaduros. Dios quiere que crezcamos en nuestra fe. ¿Dónde queda la Buena Noticia de Jesús? ¿En qué consiste nuestro amor al Señor y a los hermanos?

Oración Colecta
Oh Dios, santo y amable:
Nos has elegido para construir
y ser parte de tu reino de paz y de amor ya maduro.
Pero tenemos que reconocer con vergüenza
que todavía nos queda mucho espacio para crecer.
Padre: Haz nuestro amor más rico, cálido y sensible:
completa el trabajo que has comenzado en nosotros
para que tengamos un lugar permanente en tu corazón
y reflejemos la bondad madura y curativa
de Jesucristo nuestro Señor.

Intenciones
  • Para que se otorgue a las personas el tiempo necesario para descansar y para recuperarse de la presión y tensión de su trabajo, y también para que se les dé oportunidad para rendir culto a Dios y ayudar al prójimo, roguemos al Señor.
  • Para que los fieles que van a Misa los domingos vivan también durante los días de la semana conforme al evangelio, roguemos al Señor.
  • Para que la celebración de la eucaristía, los domingos, sea para todas las comunidades cristianas una fuente de gran alegría, al encontrarnos profundamente con el Señor y al recibir la fuerza para seguirle por sus caminos, los caminos del evangelio, roguemos al Señor.
Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios, que nos sanas de nuestras miserias:
Tú pones la mesa de tu Hijo
no solamente para un grupito selecto de seguidores,
sino para todos: para los enfermos y para los que sufren,
para los débiles y los que viven en forzosa soledad.
Que en todas nuestras comunidades
asimilemos y hagamos nuestros
los sentimientos de Jesús:
su amor sin límites, su bondadosa aceptación de la gente,
su espíritu abierto para compartir y para curar.
Enséñanos a preparar la mesa de nosotros mismos
para que otros la compartan,
como hizo Jesús, Hijo tuyo y hermano nuestro,
que vive contigo, y permanece con nosotros,
ahora y por los siglos de los siglos.

Oración después de la Comunión
Oh Dios y Padre nuestro,
que nos ofreces curación y salvación:
Te damos gracias por convocarnos
alrededor de la mesa de tu Hijo
en esta celebración eucarística.
Que la comunidad cristiana
sea para todos, cristianos o no cristianos,
lo que tú eres para todos nosotros:
amor que salva, y paz que sana;
alegría compartida
y don sorprendentemente generoso,
don dado libremente y nunca lamentado.
Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor.

Bendición:
Hermanos: “¿Cuándo me visitaron ustedes?” –nos preguntará el Señor. ¡Quizás el mejor día para visitar a nuestro hermano Jesús en los enfermos sea el domingo, el Día del Señor! Llevemos con frecuencia la presencia sanadora del Señor a los hermanos.
Y que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre nosotros y nos acompañe siempre.