Liturgia Viva del Anunciación del Señor

25 de marzo

ANUNCIACIÓN DEL SEÑOR

Solemnidad

Introducción

Celebramos hoy la fiesta solemne de la Anunciación. En el Misal antiguo esta fiesta se formulaba como “Anunciación de la Bienaventurada Virgen María”. De algún modo era correcto, ya que el ángel fue a anunciar alegres noticias a María. El nuevo Misal formula esta fiesta como “Anunciación del Señor”. Sí, éste es el día en que se anuncia la Buena Noticia de que María será la Madre de Jesús. El objeto del anuncio es Jesús. Él será “Dios-con-nosotros” (Primera lectura), que viene a hacer la voluntad de Dios Padre, encarnándose entre nosotros y salvándonos (Segunda lectura). Es el día de Jesús, pero también el día de María, su Madre. María, con la misma disposición que Jesús de servir a Dios y al Pueblo, dice: “Estoy totalmente dispuesta a servir.”“Soy la sierva del Señor.” Que éstas sean también nuestras palabras y sentimientos.

Oración Colecta

Oh Dios y Padre nuestro, siempre fiel:
Tú eres ciertamente nuestro “Dios-con-nosotros”.
Tu Hijo se hizo uno de nosotros
nacido por obra y gracia del Espíritu Santo
y de María Virgen.
Jesús vino a servir; María fue la humilde sierva.
Señor, haznos profundamente conscientes
de que la Salvación comenzó con el servicio.
Disponnos a servir con amor,
como hizo María, junto con Jesucristo,
Hijo tuyo y Señor nuestro,
por los siglos de los siglos.

Oración de los Fieles

En esta solemnidad de la Anunciación roguemos con María por las necesidades de la Iglesia y de todos los hombres, y digamos:

R/ Señor, por mediación de María, envíanos al Salvador.

  • Para que la Iglesia acepte siempre y lleve a cabo su vocación de proclamar la Palabra de Dios con fidelidad y con gran celo, roguemos al Señor.
  • Para que con la ayuda del Señor tendamos la mano y alcancemos con bondad y amable cuidado a los débiles y a los que sufren, roguemos al Señor.
  • Para que los que tienen que tomar importantes decisiones con respecto al futuro de sus vidas, vean, como María, el mejor modo de servir a Dios y al pueblo, roguemos al Señor.
  • Para que todos nosotros seamos lo bastante sencillos y humildes para que Dios haga grandes cosas por nuestro medio, roguemos al Señor.
  • Para que, en nuestras comunidades cristianas, todos seamos tan abiertos al Espíritu de Dios que aceptemos de buen grado cualquier tarea que Dios mismo nos pida, roguemos al Señor.

Señor Dios nuestro: Escúchanos con bondad cuando te pedimos que, con María, busquemos tu voluntad en todo lo que hacemos. Concédenoslo por medio de Jesucristo, nuestro Señor.

Oración sobre las Ofrendas

Señor Dios nuestro:
Aquí, sobre el altar, te presentamos pan y vino
como signos de nuestra buena disposición
para estar disponibles para ti y para nuestro prójimo.
Así como Jesús pudo venir y estar con nosotros
porque María estuvo disponible para servir,
que así también ahora tu Hijo esté vivo entre nosotros
porque abrimos nuestro corazón
a ti y a todos que están a nuestro lado,
junto con Jesucristo, nuestro Señor.

Oración después de la Comunión

Señor Dios, Padre nuestro:
Tú nos ha anunciado también a nosotros hoy
que tu Hijo se encarnó entre nosotros
para ser nuestra vida y alegría.
Él ha estado con nosotros en esta eucaristía
como tu Palabra viva y nuestro Pan de Vida.
Te pedimos que crezcamos en su vida
y, como María, por su Palabra,
llevemos un mensaje de liberación y felicidad
a los que buscan sentido a sus vidas.
Te lo pedimos en el nombre de Jesús, el Señor.

Bendición

Hermanos: Jesús dijo: “Aquí estoy para hacer tu voluntad”. Y, a su vez, María dijo: “Aquí estoy como la sierva del Señor”. Que hagamos nuestras también estas palabras. Son hermosas, pero no son fáciles. Que Dios nos dé fuerza. Y que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.