Liturgia Viva del Domingo 10º del Tiempo Ordinario - Ciclo A

Amor, No Sacrificio

Saludo
El Señor, Jesús, prepara para nosotros
la mesa de su palabra y de su cuerpo.
Escuchémosle y aprendamos de él,
a abrir nuestros corazones y nuestras manos
a amigos y enemigos en necesidad.
Que el Señor Jesús esté con todos ustedes.

Introducción por el Celebrante.
¿Quién es la “persona justa”, el amigo de Dios? ¿Es acaso el cristiano que va a misa cada domingo y que cumple todos sus deberes religiosos? Eso depende de las actitudes interiores de uno. Las prácticas religiosas son buenas y maravillosas si son más que simples observancias exteriores, si ponemos nuestro corazón en ellas, si estas prácticas nos comprometen con Dios y con los hermanos, con fe, amor, compasión y misericordia.
La oración nos habría de llevar a comprometernos en las causas por las que rezamos. Nuestro sacrificio eucarístico el domingo nos lleva a comprometernos en el servicio y amor, también en los días de entre semana. Ofrezcamos esta clase de sacrificio unidos al Señor.

Acto Penitencial
Examinémonos sinceramente ante Dios y en la presencia de los hermanos sobre si nuestras prácticas religiosas son genuinas.
(Pausa)
  • Señor, te pedimos perdón por fiarnos más de nuestras prácticas religiosas y devociones que del amor, la fe y la compasión.
    R/. Señor, ten piedad de nosotros.
  • Cristo Jesús, te pedimos perdón por despreciar a pecadores y a gente problemática, y por pensar que somos mejores que ellos.
    R/. Cristo, ten piedad de nosotros.
  • Señor, te pedimos perdón por no reconocer que también nosotros somos pecadores que necesitamos conversión.
    R/. Señor, ten piedad de nosotros.
Señor, ten misericordia de nosotros, pecadores, perdona nuestra soberbia y autosuficiencia y, por medio de un amor arrepentido, llévanos a la vida eterna.

Oración Colecta
Oremos para que nuestra fe y amor sean profundos y auténticos.
(Pausa)
Oh Dios de amor y misericordia:
Para nuestra sorpresa tu Hijo Jesús dijo:
“Ven, sígueme”, a pecadores, a gente frágil, vacilante y errada.
Danos la gracia de percatarnos plenamente
de que Jesús hablaba para nosotros.
Danos el valor ilusionado
de renunciar a nuestra soberbia y dependencia
en nuestros logros propios y en nuestras prácticas externas.
Ayúdanos a seguir con fe y amor el llamado de Jesucristo
y a reflejar tu propio amor y misericordia.
Concédenoslo por medio del mismo Jesucristo nuestro Señor.

Primer Lectura (Os 6,3-5): Lo que Yo Quiero Es Amor, No Sacrificio
En nombre de Dios el profeta dice a su pueblo: Sus sacrificios no tienen valor alguno mientras sigan explotando a la gente y no amen sinceramente a Dios

Segunda Lectura (Rom 4, 18-25): Abrahán Creyó en la Presencia de Dios
Abrahán fue un gran ejemplo de fe viva y sincera. Aunque pagano, oyendo el llamado de un Dios desconocido, él renunció a sus seguridadades para seguir a Dios hacia un destino inseguro.

Evangelio (Mt 9,9-13): Lo Que Yo Quiero Es Misericordia, No Sacrificio
Jesús llama a Leví-Mateo, recaudador de impuestos, y por tanto típico pecador. Cuando los “fieles” fariseos protestan, Jesús afirma que la respuesta de Mateo a Dios vale más que las prácticas religiosas de los mismos fariseos.

Oración de los Fieles
    No nos salvamos a nosotros mismos por medio de observancias externas. Por eso, abrámonos a la misericordia del Señor y pidamos a nuestro Señor Jesucristo que con él demos culto a nuestro Padre en el cielo con nuestra fe, con nuestro amor y con nuestra compasiva misericordia. Y digámosle: R/. Ten piedad de tu pueblo, Señor.
  1. Por la Iglesia, comunidad de santos y de muchos pecadores, para que nosotros, Pueblo de Dios, y nuestros líderes, no condenemos a los que yerran, sino que les demos nuevas oportunidades en la vida, roguemos al Señor.
  2. Por los hermanos que con frecuencia han fallado y fracasado y ni se atreven ya a creer en sí mismos, en Dios o en la comunidad, para que saquen nuevo valor y esperanza de nuestra compasión y comprensión, roguemos al Señor.
  3. Por nuestro país y por el pueblo dominicano, para que sigamos creyendo en nuestro potencial y en nuestro futuro, y para que cada uno de nosotros -sea alto o bajo en la sociedad- nos comprometamos activamente para cooperar al bien de todos, roguemos al Señor.
  4. Por los sacerdotes y los consagrados en la Iglesia, para que sigan confiando en el Señor que les llamó a pesar de su debilidad humana; que con Cristo se preocupen especialmente de los pobres y los débiles, roguemos al Señor.
  5. Por nuestras comunidades cristianas, para que no menosprecien a los que han caído o se han alejado; para que no nos sintamos autosuficientes, sino que permanezcamos abiertos a Dios, que puede hacer grandes cosas valiéndose de gente débil, roguemos al Señor.
Señor Jesucristo, tu no pides otro sacrificio que un sincero arrepentimiento, confiada esperanza y especialmente amor entregado y servicial. Nuestros corazones estás dispuestos, Señor, pero danos tu fuerza, y permanece con nosotros ahora y por los siglos de los siglos.

Oración de Ofertorio
Oh Dios y Padre nuestro:
Tu Hijo Jesús se sentó a la mesa
con gente débil y pecadora.
Tú nos invitas ahora a este santo banquete de la eucaristía
y apelas a lo mejor que hay en nosotros.
Ayúdanos a no desfallecer
por haber fallado con frecuencia.
Cólmanos con la confianza de tu Hijo en ti,
y con su amor compasivo hacia la gente,
para que podamos ofrecerte el sacrificio que te agrada
por medio de Jesucristo nuestro Señor.

Invitación a la Plegaria Eucarística
Que el sacrificio que ahora ofrecemos unidos a Jesús no sea un gesto vacío y rutinario, sino una llamada clara a nuestra entrega a Dios y a los hermanos.

Introducción al Padrenuestro
Como Jesús nos enseñó,
pedimos al Padre del cielo
su misericordia y fortaleza
y la capacidad para ser misericordiosos con los otros.
R/. Padre nuestro…

Líbranos, Señor
Líbranos, Señor, de todos los males
y concédenos la paz de tu perdón.
Guárdanos de despreciar a otros
y de condenar en ellos las faltas
que nosotros mismos cometemos pero ocultamos.
Ayúdanos a animarnos unos a otros
y a servirte en espíritu y en verdad,
mientras nos preparamos para la venida gloriosa
de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

Invitación a la Comunión
Éste es Jesucristo, el Señor, Cordero de Dios,
que vino a quitar el pecado del mundo.
Dichosos nosotros de recibirle en comunión
y de ofrecer con él al Padre
el sacrificio de nuestro sincero amor.
R/: Señor, no soy digno…

Oración después de la Comunión
Señor Dios nuestro:
Tú nos dices que sigamos a tu Hijo.
Por el cuerpo y la sangre de Jesús
ayúdanos a no confiar
en nuestras propias prácticas auto-salvadoras,
sino a esperar todo de ti,
de nuestra fe en ti y en tu Hijo,
del poder de Jesucristo.
Gracias a este poder,
que aprendamos a amar a los no-amados,
y a los que ni son dignos de amor,
y a alzarnos por encima de nuestros fallos y nuestra soberbia,
para darte honor y alabanza
por medio de Jesucristo nuestro Señor.

Bendición
Hermanos: Nos hemos reunido aquí, todos juntos como hermanos, para escuchar la Palabra de Dios y para participar en su banquete preparado por su Hijo.
La palabra de Jesús hoy ha sido quizás incómoda, pues su compañía es exigente.
Él quiere que pongamos nuestro corazón en lo que estamos haciendo e incluso que entreguemos nuestro corazón a los hermanos.
Que él nos dé fuerza suficiente para tomar en serio su palabra y para responder a ella con fe y amor.
Para ello, que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre ustedes y les acompañe siempre.