Comentario al Evangelio del

Alejandro, C.M.F.

Queridos amigos, paz y bien.

Un justo puede tener momentos de debilidad. Un bajón le da a cualquiera. Una “depre” te puede visitar cuando menos te lo esperas. Tobías cede ante la presión del entorno. Sara no puede seguir viviendo con la “afrenta” de que se le mueran todos los maridos. Se quieren morir. Se puede entender su estado.

Pero el justo sabe decir: “A ti, Señor, levanto mi alma”. Tobías se pone en manos de Dios. “Haz ahora de mí lo que te guste”. Sara reza, para que cese su tormento. “Extendió las manos hacia la ventana y rezó”. Ojalá nosotros sepamos siempre también reaccionar así cuando nos dé el bajón. Que se lo sepamos aconsejar también a los amigos que andan “de capa caída”. El poder de la oración es inabarcable.

El justo sabe decir: “haz ahora de mí lo que te guste.” Qué buena forma de ponerse en las manos de Dios. Resuenan, en las palabras de Tobías, las palabras de Jesús en Getsemaní, cuando aceptó el cáliz que no le hacía mucha gracia beber. Un ejemplo más para que imitemos en los momentos difíciles.

Sobre los maridos hablaban con Ana. Y de maridos hablan también con Jesús. Los que le quieren provocar salen también escaldados. Porque se quedan en la anécdota, parten de sus prejuicios, y no están dispuestos a modificar sus creencias. No van a dialogar, quieren comprometer a Jesús, ponerle en situación difícil. Otra vez, podemos pensar en la forma que tenemos de hablar con los demás. ¿Cómo me dirijo a los otros? ¿Dialogamos, imponemos, discutimos, escuchamos?

Jesús les da donde más les duele, atacando con Abrahán, Moisés, Isaac y Jacob. Los cimientos de su fe hebrea. Les invita a creer en un Dios de vida, no de muerte. Y a darse cuenta de que, después de la muerte, todo será diferente. Seremos como ángeles, y no habrá ya problemas conyugales. Nos cuesta imaginarnos un mundo así, tendemos a traducirlo todo – incluso la vida después de la muerte – según nuestros planteamientos. Jesús le da la vuelta a todo, como lo hizo con la concepción del poder y del servicio, con la familia, con la situación de la mujer, con la actitud ante los niños, y trata de ponerlos en el camino correcto. Vida eterna, vida según los planes de Dios. Vida que exige abrir nuestras mentes y nuestros corazones a otros planteamientos.

Que sepamos estar abiertos a la Palabra, que, a veces, nos llega en palabras humanas. Que no seamos rígidos, que Jesús no se vea obligado a decir: “estáis muy equivocados”.

Vuestro hermano en la fe, Alejandro, C.M.F.