Comentario al Evangelio del

Fernando Torres cmf

 

      Hace poco me comentaba un buen amigo y mejor creyente que esto de la oración de petición no es tan sencillo como parece a primera vista. Para despejar algunas dudas, no estoy hablando ni del estudiante que ora para aprobar un examen (más vale que dedique su tiempo a estudiar la asignatura) no del que ruega con mucha intensidad y enciende velas a san Pancracio para que le toque la lotería (más vale que gaste el dinero en algo más útil que un billete de lotería. Esa forma de oración de petición no es más que un intento de manipular a Dios, de usarle para nuestros fines. Y Dios, siempre libérrimo, no se deja manipular. Está claro que no va a cambiar ni un aprobado ni un premio en la lotería por unas oraciones y unas velas. La relación con Dios no puede ser una especie de relación comercial en el que si yo le doy unas oraciones, con eso me gano el derecho de reclamar que me dé lo que le pido. 

      Pero es que a veces pedimos desde lo más profundo de nuestro ser. Pedimos la salud para un ser querido, pedimos para que su gracia se haga presente en la vida de nuestro vecino o nuestro amigo o nuestro familiar, que sabemos que es infeliz y que se está perdiendo. Lo pedimos con toda la fuerza y con toda la fe porque hay situaciones en que nos sentimos absolutamente impotentes y del fondo de nuestro corazón brota la oración: “Señor, ayúdanos / ayúdame”. 

      Lo malo es que muchas veces no sucede nada. A pesar de nuestra oración llena de fe, ¡no sucede nada! ¿Qué pasa entonces? ¿Es que Dios no escucha las oraciones de sus hijos? ¿Es que nuestra oración no pasa de ser un grito en el vacío? ¿Es que no hay nadie al otro lado?

      No sólo eso, Jesús dice en el Evangelio que él mismo pedirá al Padre por nosotros. Y nos dice que recibiremos respuesta. Pero... nada. 

      Aquí entramos en los terrenos de la fe, de la confianza. Creemos que estamos en las manos de Dios padre bueno que nos ama. Y eso lo creemos a pesar de los pesares. No tengo más que recordar las palabras de una gran minusválida a la que conocí hace años. Ella podía contar lo que era vivir una vida de limitaciones físicas, de enfermedades y dolores sin cuento. Pero también se podía oír cómo decía: “Yo estoy segura de que Dios me quiere, de una forma un poco rara pero me quiere.” Que el Señor nos conceda a todos esa fe y esa confianza en su amor, a pesar de todos los pesares que nos vengan.