Comentario al Evangelio del

Fernando Torres cmf

 

      Las dos lecturas de hoy nos hablan de evangelizar. La primera nos cuenta cómo empieza a tomar contacto con la gente Pablo en su largo viaje evangelizador. La segunda nos habla del Espíritu que nos dará testimonio de Jesús y hará posible que nosotros demos testimonio también de nuestra fe. Evangelizar es comunicar la buena nueva del Reino, de la vida nueva que se nos regala en Jesús. Esa es la razón de ser de la Iglesia y, en consecuencia, la misión de cada cristiano: comunicar con nuestra vida y con nuestro testimonio la buena nueva de Jesús. 

      Esto me hace recordar a un amigo que había dedicado toda su vida laboral al marketing, a promover las ventas de la empresa en que trabajaba y que resumía su trabajo diciendo que para vender lo más importante es escuchar. Quiero pensar que, cuando Pablo se acercó a aquel lugar en Filipos donde había un lugar de oración y trabó conversación con las mujeres que allí estaban, no empezó a hablar inmediatamente del Evangelio y de Jesús sino que dedicó tiempo a escuchar, a conocer a aquellas mujeres, lo que decían, lo que les preocupaba... 

      Por muy paradójico que nos pueda parecer, quizá el primer testimonio que podemos dar de Jesús es dedicar tiempo a la escucha, a dejar que sea el otro el que nos cuente, nos hable de su vida, de lo que son sus problemas, sus dolores y también sus gozos y sus esperanzas. Por muy paradójico que nos pueda parecer, lo primero no es hablar, no es invadir al otro con nuestras razones, con nuestras ideas, con nuestras creencias sino guardar silencio y abrir los oídos y el corazón para empatizar con el otro, para sentir con él, para dejarle hueco para que hable y se exprese sin estar pensando en cómo interrumpirle para decir eso tan importante que tenemos que decir. 

      Al final, hacer eso no es más que hacer lo que hace el mismo Dios con nosotros, que antes de nada se acercó a nosotros y compartió nuestro pan y nuestro vino, nuestros caminos y nuestras vidas. Se hizo uno de nosotros. No invadió nuestra intimidad sino que se dedicó a escuchar, a comprender, a entender. 

      Que como Pablo seamos capaces de trabar conversión, de acercarnos a todos y escuchar para atender sus necesidades, para echar una mano, como lo haría Dios mismo. Que seamos capaces de atender al Espíritu que, en su silencio, nos da testimonio del Dios que siempre nos escucha, nos cuida y siente con nosotros.