Comentario al Evangelio del

José Luis Latorre, cmf

Queridos amigos.

Comenzábamos la semana con la invitación de Jesús. “Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso”. Y la terminamos con la parábola del padre y los dos hijos. El padre fue misericordioso con los dos.  Toda una semana en que hemos orado y reflexionado sobre la misericordia, el perdón, el servicio, la solidaridad, el dar frutos de buenas obras…

En la parábola de hoy vemos que no es solo el hijo menor el que se pierde porque se marcha de casa, sino también el mayor que se queda pero que se encuentra lejos del padre. La parábola es una invitación a confiar en la inmensa misericordia del padre para quien siempre seremos sus hijos queridos. Él respeta siempre nuestras decisiones, pero sufre por sus consecuencias y siempre espera para acogernos de nuevo en casa. Siempre nos tenemos que dejar transformar por este amor inmerecido para reencontrar el camino hacia el Padre y hacia los hermanos y convertirnos en misericordiosos como Él.

En la parábola el padre espera, sale al encuentro, abraza, acoge, celebra porque su bondad no tiene fronteras. Al hijo pequeño le ofrece un perdón sin reservas cuando vuelve al hogar, y al hijo mayor una conversión al amor fraterno. ¡Qué difícil es apreciar la misericordia de Dios desde criterios humanos! Cabe que el relato sea una denuncia si nos sentimos personalizados en el hermano mayor, y cabe que sea una gran esperanza si nos sabemos abrazados por el padre en el hermano menor.

El Papa Francisco comentando esta parábola dice: “Nuestra condición de hijos de Dios es fruto del amor del corazón del Padre, no depende de nuestros méritos o de nuestras acciones, y por ello nadie puede quitárnosla… ¡ni siquiera el diablo! Nadie puede quitarnos esta dignidad. Incluso en las situaciones más feas de la vida Dios me espera, Dios quiere abrazarme, Dios me espera…

El sufrimiento del padre es como el sufrimiento de Jesús cuando nosotros nos alejamos o porque vamos lejos o porque estamos cerca pero sin ser cercanos.

Este evangelio nos enseña que todos tenemos necesidad de entrar en la casa del Padre y participar de su alegría, en la fiesta de la misericordia y de la fraternidad. Hermanos y hermanas, abramos nuestro corazón para ser “misericordiosos como el Padre”.

Os dejo estos pensamientos:

-“Jesús contó la parábola del hijo pródigo para decirnos algo importante: no importa lo que hayas hecho, regresa a casa” (Evan Headrisk).

“Un poco de misericordia hace al mundo menos frío y más justo” (Papa Francisco)

“No es solo olvidar. Perdonar es amar”.

José Luis Latorre
Misionero Claretiano