Comentario al Evangelio del

Juan Lozano, cmf

Querido amigo/a:

La Palabra de Dios nos invita hoy, víspera de comenzar la Cuaresma, a tener cuidado con el mal en todas sus dimensiones: personal, social, estructural, … Tanto el libro del Génesis como el Evangelio, se lamentan y nos previenen de esta realidad contraria al plan de Dios. Leemos en la primera lectura: “Al ver el Señor que la maldad del hombre crecía sobre la tierra, y que todo su modo de pensar era siempre perverso, se arrepintió de haber creado al hombre en la tierra, y le pesó de corazón”. Palabras duras que nos invitan a la auto reflexión. ¿En qué manera soy yo participe con mi acción y omisión de generar y crear un mal ambiente, una atmósfera de maldad, una hamartiosfera? (hamartía=pecado). Dios ama a su creación y a sus criaturas y le pesa cuando no avanza según su plan establecido, cuando a través del uso de la libertad, colaboramos con el plan de nuestro creador o lo destrozamos.

Jesús nos advierte del mal camuflado que también crece y se extiende peligrosamente, y lo hace a través del ejemplo de la levadura, el ingrediente de cocina que hace que la masa fermente; ejemplo que ha utilizado otras veces de manera positiva, pero no en esta ocasión: “Tened cuidado con la levadura de los fariseos y con la de Herodes”. Hoy tendríamos que sustituir fariseos y Herodes por otros personajes, corrientes de pensamiento, posverdades que fermentan y hacen crecer el mal. ¿Cuáles crees que son? ¿Cuáles adviertes cómo destructivas? ¿Cuáles minan tu fe y tu esperanza?

Jesús les recuerda a sus discípulos y a nosotros hoy, que Él es el Pan de Vida, el alimento que nos ayuda a combatir el mal y a generar bien y bondad. En la eucaristía lo recibimos. Eres lo que comes, cuerpo de Cristo. Pan que nos fortalece y nos hace tomar conciencia de la identidad a la que estamos llamados a ser: que todos seamos uno. Y en esa unidad debemos cuidarnos y cuidar nuestra casa común, la creación de la que Dios nos ha hecho garantes, cuidadores. Parece una aspiración muy exigente, pue a veces no somos capaces ni de cuidarnos a nosotros mismos, pero a eso aspiramos y para ello necesitamos el Pan que Jesús es para nosotros, el alimento, no otros panes que nos llenan pero sin nutrirnos, cuando no intoxicándonos.

La secuencia del Evangelio de hoy termina con pregunta que Jesús nos dirige: “¿no acabáis de entender? Es un buen día para orar con esta pregunta. Ilumina Señor nuestro entendimiento para que podamos comprender, asimilar y llevar a la vida aquella palabra de vida que nos cuesta y para librarnos de las levaduras tóxicas que contaminan nuestro corazón.

Vuestro hermano en la fe.
Juan Lozano, cmf.

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