Comentario al Evangelio del

Rosa Ruiz @rosaruizrmi

Queridos amigos y amigas:

En el pasaje de Génesis que hoy nos propone la liturgia aparece el primer imperativo de Dios dirigido a los seres vivos y, concretamente, a los seres humanos. En realidad, es el mismo mandato, la misma encomienda: ¡creced, multiplicaos, sed fecundos!

Me pregunto cómo es posible que hayamos olvidado este primer deseo vehemente de Dios para nosotros. Crecer y ser fecundos significa no compararnos con otros porque nunca se trata de llegar a una medida establecida o ser más que otro supuesto perfil. No. Solo se nos pide crecer. Desde lo que somos y donde estamos: crecer. Avanzar. Multiplicarnos y no encogernos o constreñirnos. ¿Será esa la fecundidad que tanto recorre la Biblia? Esa fecundidad que no sólo no está reñida con el descanso sino que lo lleva consigo, como el mismo Dios. ¡Ay de las pretendidas fecundidades que no tienen medida propia, que no descansan, que agotan a unos y a otros, que nunca se sacian! ¡Ay de los que utilizan la palabra de Dios en vano para acumular, para ensoberbecerse, autoadorarse, en definitiva para disimular sus ansias de poder y bienestar con la llamada de Dios a no dormirse en los laureles y ser fecundos!

En verdad, tenemos mucha facilidad para tomar el nombre de Dios en vano, para ponerle a Él de excusa en nuestros propios intereses. La confrontación de Jesús en el evangelio de hoy no puede ser más clara: «Anuláis el mandamiento de Dios por mantener vuestra tradición… Invalidáis la palabra de Dios con esa tradición que os transmitís; y hacéis otras muchas cosas semejantes».

Quizá es momento de poner nombre y apellido a estas tradiciones a las que cada uno se aferra, según su edad, su cultura, su mentalidad… Todos lo hacemos. Y no permitir jamás que tradición humana alguna, por santa que sea, esté anulando la Palabra viva de Dios.

Vuestra hermana en la fe,
Rosa Ruiz @rosaruizrmi

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