Comentario al Evangelio del

Alejandro Carbajo, cmf

Queridos amigos, paz y bien.

Una alianza basada en promesas mejores. A todos nos gustaría alguna mejora en nuestra vida. En lo económico, en lo social, en lo laboral, en lo espiritual… La mayoría de los anuncios que vemos en la tele u oímos en la radio nos hablan de esto. Juegan con nuestros deseos.

Los contemporáneos de Jesús también querían mejorar. Escuchaban rumores acerca de un hombre, que hacía cosas grandes, y empezaban a creer que podía ser el Mesías. Quizá por eso las multitudes se reunían alrededor de Jesús. Porque veían que su mensaje, sus palabras de amor iban acompañadas de obras. Promesas hay muchas, pero no todas se cumplen. Ahora, y en tiempos de Jesús. Por eso, un mensaje coherente, acompañado de una vida coherente, era capaz de enamorar. Demasiado, incluso. Demasiada gente. Por un lado, las autoridades civiles y religiosas, que buscaban acallar su voz, y por otro, las multitudes, que buscan en Jesús la posibilidad de salvarse. En principio, parece que ganan las autoridades, pero sabemos cómo acaba la historia.

¿Qué partido tomaremos nosotros? ¿Con quién nos identificaremos más? ¿Con los dirigentes del pueblo, celosos de su poder y de sus costumbres? ¿O con la gente del pueblo que confía en Jesús, que pone en Él su esperanza, que quiere ser “curada”?

El salmo nos da una clave para poder elegir bien: “Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.” En cada momento clave de nuestra vida, en cada decisión importante, podemos ponernos en presencia de Dios, antes de optar, y repetir estar palabras en nuestra oración. Sabemos – nos lo dice la primera lectura – que tenemos un Sumo Sacerdote que vive siempre para interceder en nuestro favor. Por eso podemos confiarle nuestro futuro. Con Él está en buenas manos.

Pidámosle a Jesús que nos dé un corazón sencillo, como el de la gente, que hace kilómetros para encontrarse con Jesús, que está “abierto” para recibirlo, que quiere encontrar en Jesús motivos para seguir esperando, que reconoce en sus milagros que “a Dios le gusta vivir en medio de su Pueblo”.

Vuestro hermano en la fe, Alejandro, C.M.F.

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