Comentario al Evangelio del

Alejandro Carbajo, cmf

Queridos amigos, paz y bien.

“No seáis indolentes, sino imitad a los que, con fe y perseverancia, consiguen lo prometido.”

Cuántas veces, sobre todo a principio de año, nos hacemos buenos propósitos, que luego se quedan en buenas intenciones. Nos falta constancia, nos dejamos llevar por la pereza y, cuando vemos que no podemos, nos rendimos.

A lo largo de la historia, sin embargo, hemos tenido ejemplos de personas que han sido capaces de ser fieles. La primera lectura nos recuerda el caso de Abrahán. Ya de mayor, tuvo que dejarlo todo, y emprender una marcha que le llevó a un lugar para él desconocido. Con muchos peligros, con riesgo para su vida, pero fiado en la promesa de Aquel que le pidió que saliera de su tierra. Se fio de Dios. Por eso es modelo de fe para todos.

En el Evangelio, siguen las disputas de Jesús con las autoridades civiles. Como “paparazzi”, espiaban a Cristo, para ver qué hacía, cuándo lo hacía y como lo hacía. En esta ocasión, el problema es unas espigas, doradas por el sol. También los apóstoles tenían hambre. En vez de tiendas abiertas 24 horas, había campos de espigas. El problema, la norma que prohibía realizar tales tareas en sábado. Con la norma hemos topado.

Jesús se remonta, en su respuesta, al rey David que, aunque al final de su vida se desviara “un poquillo”, hizo más de una cosa bien. Tanto es así, que el Mesías vendría de su estirpe. El mismo David no cumplió las normas, cuando huía en un momento difícil de su vida. La persona es más importante que la norma, si se trata de cosas que afectan a la dignidad y a la supervivencia. Muchos enfermos y endemoniados pueden dar fe de que, para Cristo, lo primero era la persona.

El Cristianismo, desde siempre, ha entendido que lo más importante es salvar a la persona. Hasta el último canon del Código de Derecho Canónico, el 1752, lo recuerda (teniendo en cuenta la salvación de las almas, que debe ser siempre la ley suprema en la Iglesia). Y la Doctrina Social de la Iglesia, también. Desde el comienzo del “Compendio”, hasta las diversas intervenciones de la Conferencias Episcopales. Nos toca a nosotros llevarlo a cabo, en nuestra vida diaria. Ser como Jesús, atento a las necesidades.

Por cierto, antes de ser “paparazzis” de nuestros hermanos, recordemos las palabras de san Francisco de Sales: "Antes de juzgar al prójimo, pongámosle a él en nuestro lugar y a nosotros en el suyo, y a buen seguro que será entonces nuestro juicio recto y caritativo". Pues eso.

Vuestro hermano en la fe, Alejandro, C.M.F.

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