Comentario al Evangelio del

Luis Manuel Suarez, cmf

Queridos amigos:

Entre los judíos, como en toda cultura y toda religión, se habían desarrollado muchos textos, normas y ritos que a veces hacían difícil que una persona pudiera distinguir lo central de lo periférico. Por eso, en alguna ocasión a Jesús le preguntan: ¿qué es lo más importante?

En la fe cristiana a veces podemos tener una sensación similar. Sabiendo que todo tiene su importancia, podemos preguntarnos cuál es el núcleo, lo fundamental, lo que da sentido a toda la propuesta cristiana… Porque encontrado ese centro y cuidando de él, todo lo demás vendrá como por añadidura.

En la Palabra de Dios de hoy se apunta a ese centro, como una moneda preciosa de dos caras que habrá que custodiar como el tesoro mayor de la vida: DIOS y la FRATERNIDAD.

En la primera lectura se nos habla del Dios de Jesucristo: “en esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su Hijo único, para que vivamos por medio de él”. Es el Dios-Trinidad de un Padre creador que envía a su Hijo Salvador por medio del Espíritu Santificador. Es el Dios encarnado en la vida de Jesús, a quien en este tiempo de Navidad que estamos terminando hemos querido celebrar como se merece. Es el Dios hecho amor concreto en la vida de su hijo, para todo tiempo y para toda cultura… Es el Dios que nos amó primero: “En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de propiciación para nuestros pecados”. Quizá un buen propósito de este nuevo año pueda ser leer seguido uno de los Evangelios, si es que hace tiempo que no lo hacemos, para recorrer esa historia de Dios con nosotros en la persona de Jesucristo… y dejarnos interpelar por esa lectura en su persona, en sus acciones, en sus propuestas para nuestra vida.

Y desde la vivencia a fondo de ese Dios encarnado y su Evangelio, surge una fraternidad universal, más allá de orígenes y razas, que desde abajo atiende a todos. Es lo que se ejemplifica en el relato del Evangelio de hoy: “Dadles vosotros de comer”. El pan de Dios viene para todos, desde lo que humildemente cada uno podemos aportar, y es capaz de saciar nuestra hambre, creando una nueva fraternidad. Y Jesús cuenta con nosotros para hacer llegar ese pan material a todos, que es signo del pan de su cuerpo y de su Palabra, que también a todos quiere llegar. El Papa Francisco nos ha regalado recientemente la Encíclica “Fratelli tutti” (“Hermanos todos”) sobre la fraternidad y la amistad social, que podría ser otra buena lectura de este comienzo de año para quienes aún no la hayamos leído.

Dios y fraternidad: dos caras de la misma moneda del tesoro más preciado del Evangelio. Que en este nuevo año no nos falten ni el uno ni la otra.

Vuestro hermano en la fe:
Luis Manuel Suárez CMF (@luismanuel_cmf)

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