Comentario al Evangelio del

José María Vegas, cmf

José, varón justo

El final de la genealogía de Jesús, en la que no es José el que lo genera, sino que nace de María, hace que por un momento nuestra atención se centre en ella. “La generación de Jesucristo fue de esta manera: María su madre…”. Pero Mateo nos invita enseguida a retornar a José. Este texto se puede considerar como la Anunciación a José. José es un varón justo porque es capaz de descubrir el dedo de Dios en el misterioso embarazo de María: “antes de vivir juntos”; además, es justo porque reacciona como lo haría cualquier judío piadoso ante la presencia de Dios: apartándose con discreción y temor de Dios. Pero también lo es porque sabe discernir, escuchar y acoger la Palabra de Dios, que le invita a superar el temor, a participar activamente en este designio salvador, presente en María y en el fruto que crece en su seno.

Los grandes acontecimientos históricos, los que resultan visibles a lo largo de los siglos, como la liberación de Egipto, la restauración de la dinastía davídica, el retorno del exilio en el país del norte, anuncian un acontecimiento más grandioso y definitivo: la salvación del pueblo de sus pecados. Pues bien, en José vemos cómo esos grandes acontecimientos, y ninguno más grande que el misterio de la redención, se realizan por caminos escondidos, silenciosos y humildes. No son posibles sin la apertura, la disponibilidad, la cooperación activa y la fidelidad de personajes casi anónimos, como José. Detrás de los grandes acontecimientos y de los grandes personajes de la historia hay toda una trama hecha de hilos invisibles, cuyos protagonistas son estos personajes anónimos, pero sin cuya cooperación aquellos acontecimientos no serían posibles.

El misterio de la salvación no es un hecho exclusivamente personal, de cada uno. Posiblemente nos sintamos personajes anónimos e insignificantes en la gran trama de la historia, y tengamos la impresión de que apenas podemos influir en ella. Pero contemplando a José y a su justicia, comprendemos que nuestras pequeñas fidelidades, nuestra capacidad de descubrir presencias escondidas de Dios, de responder con generosidad a sus llamadas (expresadas por boca de ángeles o de gentes como nosotros, en sueños o en vela), nuestra disposición a cooperar activamente en toda causa buena que se nos presente… todo esto es un modo de hacer posibles los planes de Dios, de abrir caminos por los que viene el Dios-con-nosotros, de hacer posible el perdón de los pecados. En José comprendemos que podremos ser insignificantes para la historia y el mundo, pero no lo somos en absoluto para Dios y su designio de salvación.

Saludos cordiales

José M. Vegas cmf

http://josemvegas.wordpress.com/

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