Comentario al Evangelio del

Fernando Torres cmf

 

      Hoy celebramos la dedicación de la Basílica de San Juan de Letrán en Roma. Es la Basílica más importante de Roma y la sede del obispo de Roma, es decir, del Papa. Esta basílica es de alguna manera la cabeza de todas las iglesias del mundo. Pero no es más que un edificio. Lo que es santo no son las piedras que lo forman. Lo de menos es que sea un templo artísticos, que su arquitecto sea Borrromini. Todo eso es muy bonito. Los que vayan a visitarla verán una obra de arte. Pero si se quedan en eso, se han perdido lo más importante. 

      Lo que hace que una iglesia sea realmente una iglesia, no es la forma ni las piedras ni los arcos ni los altares ni las estatuas. Una Iglesia es iglesia porque en ella sea reúne el pueblo creyente para escuchar la Palabra, para compartir el pan de la Eucaristía, para alabar y dar gracias, para sentir en toda su riqueza la fraternidad de los hijos e hijas de Dios. Esa es la verdadera riqueza. Sin ella, una iglesia, cualquier iglesia, no es más que un montón de piedras más o menos bonitas. Dependiendo de su antigüedad y belleza, podrá ser una especie de museo enorme. Pero nada más. Un cascarón sin nada dentro. 

      Deberíamos dirigir la mirada a lo fundamental y no quedarnos en lo accesorio. Deberíamos hacer el esfuerzo, siempre necesario y nunca acabado ni definitivo, de construir la fraternidad que levanta la verdadera iglesia. Cuando existe la comunidad, cuando los hermanos y hermanas se reúnen y acogen a todos, cuando se hacen testigos del amor de Dios que no excluye a nadie, entonces vemos levantarse los muros y paredes de la verdadera iglesia de Dios. En ese momento descubrimos la verdadera belleza, la increíble belleza, capaz de romper los odios y la violencia y de unir a las personas con lazos de amor, de cariño, de fraternidad. Porque las personas son las piedras vivas que forman la iglesia de Jesús. Luego, esas personas necesitarán un lugar donde reunirse, levantarán una iglesia, querrán que sea, en la medida de sus posibilidades, un edificio bello porque lo normal es que el edificio exprese lo que es la comunidad. 

      Hay comunidades que cuidan sus iglesias, que expresan en sus iglesias su vida de fe. A veces son iglesias sencillas y pobres, como la misma comunidad. A veces son grandes edificios. En cualquier caso, son la expresión de la vida de la comunidad. Esas iglesias están llenas de vida, de fe, de fraternidad. Y ahí reside su verdadera belleza. 

      Conclusión: llenemos nuestras iglesias de vida de fe, de comunidades creyentes porque ahí reside la verdadera belleza y riqueza de la Iglesia.