Comentario al Evangelio del

Edgardo Guzmán, cmf.

Queridos amigos y amigas:

Al escuchar la lectura de Isaías de hoy podemos tener la impresión de extrañeza, ya que el texto hace referencia a una serie de nombres y de lugares con los cuales no estamos familiarizados. Sin embargo, este texto abre el capítulo 7 de Isaías, la sección llamada el «Libro de Emanuel», Dios-con-nosotros, es el nombre del hijo anunciado a Acaz, rey de Judá. Es el signo que garantiza la intervención salvífica de Yahvé. A pesar de la incredulidad del rey y de los altos funcionarios de la corte. Alrededor de esta figura se recogen los distintos oráculos de los cc. 7-11, en los cuales a ese hijo que nacerá vienen atribuidos una serie de prerrogativas, así emerge el símbolo y la imagen del mesías venidero que llevará a cumplimiento las promesas de Dios.

El profeta Isaías requiere al rey y al pueblo la adhesión de la fe, como condición indispensable para participar de la promesa esperada. En el texto que leemos hoy el profeta pide a Acaz: «vigilancia y calma». Frente a la amenaza y el asedio de guerra Isaías le recuerda al rey que lo que cuenta, no es tanto la estrategia político y militar, sino la fe en Dios: «Si ustedes no creen, no subsistirán» (v. 9b). Qué actualidad sigue teniendo para nosotros hoy este apelo de Isaías de poner nuestra confianza en Dios. Este tiempo de pandemia ha creado una serie de crisis que nos pueden hacer vivir con miedo e incertidumbre. En muchos países la situación, incluso ya antes del COVID 19, era verdaderamente dramática. El mensaje de Isaías nos da una valiosa clave creyente que nos puede ser muy útil en este momento: «vigilancia y calma».

El texto del Evangelio presenta tres denuncias, de corte profético, hechas por Jesús a algunas ciudades de Galilea: Corazaín, Betsaida, Cafarnaún. Estos fueron los primeros espacios operativos de Jesús, que vieron de primera mano y experimentaron la actividad sanadora del primer anuncio del Reino (vv. 21.23). Sin embargo, vienen señaladas como prototipo de una «generación caprichosa» que, como unos niños en una plaza, son incapaces de interpretar los acontecimientos ya que están en otra onda, como los representa la parábola precedente al texto de hoy (cfr. Mt 11, 16-19). Jesús les reprocha la incapacidad para reconocer en los milagros que ha realizado los signos de su identidad más profunda de Hijo de Dios.

A Jesús le duele ver la cerrazón del corazón del ser humano y que no sea capaz de reconocer la acción liberadora de Dios. Mas que interpretar como amenazas estos «ayes» de este pasaje de Mateo son más bien una advertencia, una llamada a la conversión. Que sigue también resonando para nosotros hoy. Cuantos «ayes» nos tendría que dar Jesús ante nuestra incapacidad de ver sus intervenciones en nuestra vida cotidiana. Este texto del Evangelio es una invitación a saber discernir cómo Dios se hace presente en nuestra vida, quizás por los caminos más inesperados. De ahí, el cambio de mentalidad (conversión) que nos pide Jesús para ser más conscientes y agradecidos por la acción salvadora de Dios en nuestra vida.

Fraternalmente,
Edgardo Guzmán, cmf.
eagm796@hotmail.com

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