Comentario al Evangelio del

Juan Carlos Martos, cmf

Jesús aborda en el evangelio de hoy dos asuntos muy actuales: las pasiones afectivas y los conflictos matrimoniales. ¿Qué dice en concreto el Maestro acerca de todo esto? ¿Cómo debes conducir tus impulsos y agitaciones afectivas? ¿Desde qué criterios debes afrontar una presunta ruptura matrimonial?

  • Controla tu mirada. A través de ella entras en contacto con lo que te rodea. Lo que no ves, no existe (para ti). Y lo que ves, o te atrae o te repugna. Decían los antiguos: “Ubi amor, ibi oculos”. En traducción libre podría significar que, si algo te atrae, en ello fijas tu atención. Lo visto se transforma en imagen y la imagen, cuando resulta atractiva, puede suscitar el deseo de posesión. La mirada, así pues, pone en movimiento un proceso psicológico automático, en ocasiones difícil de detener. Y puede arrastrarte hacia un riesgo real de pecar. El 2 libro de Samuel lo evidencia cuando describe el inicio del pecado de David: Su mirada curiosa hacia una mujer hermosa desencadenó una serie de consecuencias fatales, incluido el homicidio, además del adulterio y la mentira (cf. 2 Sam 11, 2 y ss). Es ese el sentido que Jesús, en este evangelio, da aquí a ese tipo de miradas que hacen caer. A nadie se le ocurre tomar al pie de la letra llevar a cabo la mutilación que indica Jesús. Esa exageración semita solo pretende subrayar la radicalidad y la contundencia con que debes actuar, cuando tus sentidos te arrastren hacia un placer desordenado que puede destruirte: ¡Corta!
  • Protege el amor en el matrimonio. Jesús contradice frontalmente a los fariseos. Frente a quienes interpretaban el tema del divorcio desde Deuteronomio 24, 1, que permitía al varón expulsar a la mujer (divorciarse de ella) con la condición de darle un documento de libertad, Jesús es claro y contundente: lanza una llamarada profética en favor de la indisolubilidad matrimonial. Con ello, reinterpreta y mejora la ley mosaica de manera sorprendente: apoya la dignidad de la mujer y defiende el vínculo matrimonial, no como un derecho del uno sobre la otra, sino como unidad original y responsable entre hombre y mujer. ¿No es ese precisamente el sello del auténtico amor? Con esta exigencia, Jesús "salva el amor" de todo lo que, tan fácilmente, lo puede adulterar y destruir. Pero hay que leer este pasaje con su complemento: la actitud respetuosa, comprensiva y justa de Jesús para con la mujer adúltera (Juan 8, 1-11). Sin regañarle, la perdona. Sin banalizar, le manda que no vuelva por malos caminos.
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