Comentario al Evangelio del

Juan Carlos Martos, cmf

La liturgia nos recuerda hoy a san Bernabé, compañero de correrías apostólicas de San Pablo. Era levita y chipriota de nacimiento. Tenía un campo, lo vendió, trajo el dinero y lo puso a los pies de los apóstoles. En la primera comunidad fue reconocido con el sobrenombre de Bernabé, que significa «Hijo de la consolación». Se manifestó como un cristiano comprometido, que no sólo asentía a la enseñanza de Jesús trasmitida por los Apóstoles, sino que puso todo lo propio al servicio de ese ideal.

Al hacer memoria de Bernabé, el evangelio que hoy leeremos en la eucaristía interrumpe la lectura continuada, y nos presenta el relato del envío misionero que Jesús hace a sus apóstoles. El Maestro les ofrece una especie de “manual de instrucciones” básico para desenvolverse en su misión. De las varias recomendaciones que Jesús les da, nos fijamos solamente en tres:

  • Su tarea, más que la transmisión de una doctrina, es el anuncio de una presencia: El mundo está habitado por Dios. Y los signos que van a realizar van a testificar la presencia de ese Dios bueno que promueve la salvación y la sanación -las dos cosas- de todos. Saben que no son enviados para deslumbrar o impresionar, sino para irradiar el mayor bien que viene del Abbá.
  • Deben marchar con otros, en comunidad. Porque no se puede anunciar con credibilidad el evangelio del amor en solitario. La misión compartida evidencia con realismo el amor mutuo y gratuito, más allá de otros intereses. Es una predicación en acción; una señal confirmatoria de la esencia del mensaje del Señor que es el amor. Un amor que tiene una cualidad inconfundible: es débil. Débil, porque no se impone, sino que deja libre al otro para acoger o rechazar el amor. Débil porque siempre actúa con desventaja, aunque paradójicamente ahí reside su poder: solo el amor saca lo mejor de nosotros. Así nos ha amado y nos ama Dios.
  • Ser apóstol es imposible sin un estilo de vida pobre. Tal estilo confiere credibilidad y eficacia el anuncio del mensaje. Lo intuyó perfectamente la Madre Teresa de Calcuta, cuando afirmaba: “Cuanto menos poseemos, más podemos dar. Parece imposible, pero no lo es. Esa es la lógica del amor”. Esto lo entendió cabalmente Bernabé al vender su campo y entregar su importe para aliviar la vida de los más necesitados. Ese fue sólo el comienzo de su entrega por el Reino, poniendo de manifiesto que estaba del todo disponible, no sólo en sus cosas, sino con toda su vida para la propagación del Evangelio. Jesús habla muy poco de la pobreza, pero habla muchos de los pobres. Su invitación “vende lo que tienes” no tiene sentido si no se une a lo que Él añadía: “y dalo a los pobres”. Vivir en pobreza es, pues, vivir para los pobres.


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