Comentario al Evangelio del

Carlos Latorre, cmf

Queridos hermanos:

La ciudad de Corinto fue para el apóstol Pablo la ciudad del amor y del dolor. A ella dedicó un año y medio de evangelización, muchos afanes y varias cartas. Y para el evangelista Lucas, que nos cuenta estos episodios, es la ciudad donde el Evangelio se abre definitivamente al imperio romano, después del rechazo de los judíos. En Corinto surge una de las comunidades cristianas más conocidas e importantes de la iglesia primitiva, cuya vida y dinamismo siguen inspirando a los cristianos de hoy día cuando leemos en la Biblia las dos cartas que Pablo escribió a los cristianos de aquella comunidad. Y el imperio romano ya no será tampoco el mismo desde que Pablo comenzó a anunciar allí el mensaje de Jesús.

Pero es importante notar que Pablo no actuó solo en la ciudad, pues tuvo a su lado un matrimonio muy amigo. Eran de origen judío, pero se habían convertido al cristianismo. Él se llamaba Áquila y ella Priscila. Y será esta mujer la animadora de la fe de la comunidad cristiana de Corinto. Y a Priscila deben invocar tantas y tantas mujeres que también hoy día son el alma de muchas comunidades cristianas.

En el evangelio de hoy Jesús habla de un misterioso «dentro de poco». Y para explicarlo emplea la imagen del parto: después de los dolores viene el gozo del nacimiento, así será el gozo después de la resurrección: de nuevo el Señor los volverá a reunir y los discípulos se alegrarán con una alegría que nada ni nadie les podrá quitar.

Jesús va a sufrir la pasión pero no se siente solo. Aunque sus discípulos le abandonen, el Padre siempre está con Él. Concluye estas recomendaciones con un grito de ánimo. A pesar de la crueldad de las tribulaciones padecidas, afirma: «Yo he vencido al mundo» Y estoy siempre a vuestro lado.

¡Qué difícil nos resulta creer cuando al parecer Dios no responde a nuestras necesidades! Y digo “al parecer” porque Dios siempre responde, aunque no de la forma  que nosotros esperamos. No basta con pedir. Hay que “creer”.  La fe es la conexión de un ser humano con Dios mismo. La fe no es oscuridad. Es luz. Es el descubrimiento de un imán que atrae y seduce todo en nosotros y que en su atracción le da sentido a todo.

Por otro lado la fe no es únicamente una opción individual que se hace en la intimidad de la conciencia  del creyente.  Por su misma naturaleza, la fe se abre al ‘nosotros’, a la comunidad, se da siempre dentro de la comunión de la Iglesia.

Escribo estas reflexiones durante la emergencia de la epidemia del coronavirus presente en tantos países. ¡Cuánto sufrimiento vemos en España! ¡Cuántos muertos! Cada uno debemos esforzarnos como cristianos tanto en el cumplimiento de las normas y precauciones necesarias para evitar la propagación de los contagios, como en la ayuda solidaria a las personas a quienes la enfermedad ha puesto en situaciones particularmente difíciles. Y rezar con mucha fe para que Dios Padre Misericordioso tenga compasión de nosotros y termine esta epidemia.

Vuestro hermano en la fe.
Carlos Latorre
carloslatorre@claretianos.es

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