Comentario al Evangelio del

CR

Cultivar siempre la bondad

Con qué radicalidad, sin rodeos, tajante, propone Jesús la cuestión: ¿Está permitido hacer el bien? ¿Hay que curar o dejar morir? Y todo,  porque era sábado. Lo que en el sueño de Dios era día de liberación, de descanso, de evocación de la historia de un pueblo bendecido por Dios, todo se ha convertido, por la dureza de los hombres, en carga pesada y opresora; tan opresora que pone mil barreras hasta para hacer el bien a la gente.

Nos metemos en la sinagoga. Es sábado y participa un hombre sufriente, tiene el brazo derecho paralítico. En seguida saltan las posturas; los fariseos están al acecho, quieren acusar a Jesús y, al final, se pondrán furiosos.  Es la actitud cerrada farisaica que pone de excusa a Dios y su culto para negarse a socorrer al prójimo doliente. Con Jesús, como siempre, las cosas cambian. Contempla al paralítico, sus ojos se llenan de dolor  y su corazón de compasión y misericordia. No podía ser de otra manera, es el “siervo, varón de dolores” que carga con nuestros males y pecados.

Está claro. No podemos divorciar el bien de los hombres y el bien de Dios. Si es la misma cosa: “Tuve hambre y me disteis de comer”, y está hablando de socorrer al prójimo. Ante el dolor, la única respuesta, humana y cristiana, es sanar. Una religión que no cura, ¿qué pinta? Para Jesús, lo primero el hombre, imagen de Dios, hijo de Dios. Otros, lejos del Evangelio, se aferran a la ley: “Está escrito, cúmplase”.  Parece que hay gente con el corazón seco. Cuántas batallitas rompen la armonía y la paz de Dios, por mil minucias. ¿Hará falta ejemplificar? (Consultemos algunos comentarios en Internet, dentro de páginas religiosas). Acabemos con mirada positiva. Nuestro sábado, nuestro día santo es el domingo: que es Pascua, Resurrección, fiesta, Eucaristía, comunión, banquete, sacrificio de Cristo presente, gratuidad. Todo.

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