Comentario al Evangelio del

Fredy Cabrera, cmf

Queridos hermanos y hermanas:

La vida de los patriarcas nos ha acompañado durante esta semana y, de trasfondo, la experiencia del Dios justo y misericordioso que camina con ellos. Hoy asistimos a la bendición disputada entre dos hermanos que parecen competir o rivalizar desde que están en el vientre de la madre (Gn 25,23). Jacob y Esaú retratan lo que sucede a muchas naciones o pueblos en su lucha por asegurarse prosperidad y territorio. Ambos protagonistas parecen confundir bendición con predilección o preferencia de manera egoísta. Dios da su bendición a toda persona, pero elige a algunas para dar testimonio de la gratuidad de su amor.

Si nos adentramos al tema de la justicia en la Biblia, no la podemos comprender como castigo para unos y bendición para otros. Nuevamente recordamos que Dios bendice a justos e injustos, no eximiéndoles de las consecuencias que traen sus actos. La bendición dada por Dios no era algo privado e intimista, tenía connotaciones familiares y comunitarias, y se transmitía de generación en generación; dicha bendición, no quedaba reducida a un individuo o al sólo bienestar material, pues se le podía percibir en la fertilidad de la tierra, en la descendencia y en el auxilio providente de Dios en los distintos momentos y circunstancias de la vida.

Ya dijimos que la vida es la mayor bendición recibida de parte de Dios. De esto está convencido Jesús cuando es cuestionado por la práctica del ayuno que parecen tomarse él y sus discípulos muy a la ligera. Jesús enseña que mientras se entrega la vida, se reparte alegría y se prodiga consuelo, no hay lugar para el ayuno.

Si el ayuno no transforma tu vida en alimento, y se reduce a precepto, no será fuente de bendición para ti ni para quien pudo beneficiarse de tu corazón solidario y compartido. Y aquí viene la exhortación principal: «a vino nuevo, odres nuevos», pues sólo dejando de creer que tienes que ganarte las bendiciones o que haya gente que no las merece, no podrás abrirte a la gratuidad del amor de Dios y menos a la novedad del Reino. 

Pide a Dios en tu oración por todas las comunidades cristianas, para que libres del fariseísmo y la hipocresía, sean espacios donde se prodigue el amor incondicional y que las ayude a vencer la tentación de manipular conciencias o de mercantilizar la fe.

En comunión fraterna,
Fredy Cabrera, cmf.

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