Comentario al Evangelio del

Fredy Cabrera, cmf

Queridos hermanos y hermanas:

La liturgia de la Palabra para este día nos invita a valorar la vida, la propia y de todo lo creado, como el don más sagrado. Además, nos invita a curarnos de las parálisis en las que solemos vivir a causa del consumismo y el culto idolátrico al dinero.

Recordamos que las narraciones bíblicas nos presentan a un Dios que acompaña con paciencia los procesos de liberación de su pueblo. Hoy le toca demostrar a Abrahán ante su hijo Isaac que ha aprendido a no controlarlo todo, abriéndose a la providencia de Dios; que ha dejado de instrumentalizar a las personas valorándolas en su integridad; y finalmente, probarse a sí mismo, que ha madurado en la fe y en el amor. Este relato, no sólo presenta el camino de madurez del patriarca, también nos muestra la imagen de ese Dios que ha caminado junto a él. Es el Dios justo que ha salido en defensa de Ismael, el hijo de Agar, a quien también promete tierra y descendencia; el mismo que da la orden para que Abrahán no alargue la mano contra su hijo ni le haga daño. Es el Dios de la misericordia entrañable que no sacrifica a unos para dar lecciones a otros; es el Dios que espera que sus creaturas sean reflejo de su amor incondicional.

En el escenario mundial nos encontramos con el culto idolátrico al dinero que además de insaciable, se cobra vidas inocentes a diario. Dios nos ha dado este mundo no para vivir codiciando los bienes de la creación, proyectando ingenuamente allí nuestra felicidad; más bien nos muestra que la fuente de la realización humana está en donar la vida. Precisamente el evangelio de hoy dibuja una escena de una vida que se salva a partir de un gesto comunitario.

Decíamos que hoy son muchas las parálisis que padecemos (familiares, sociales, religiosas, políticas, económicas, etc.). Necesitamos de personas que, con buena voluntad, testimoniando el amor incondicional, nos acerquen al Dios de Jesús que dignifica, libera y da sentido a nuestra vida. Sepamos que habrá quien se oponga y nos desanime, pero no dejemos de ayudar solidariamente. Son muchos los que caminan con esperanza en la humanidad y en la ayuda del Dios providente.

Pidamos en nuestra oración de hoy por las víctimas de este sistema-mundo en el que vivimos. Comprometámonos, en la medida de nuestras posibilidades, con quien necesite de nuestra ayuda, no sólo material sino de todo tipo.

En comunión fraterna,
Fredy Cabrera, cmf.

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