Comentario al Evangelio del

Fredy Cabrera, cmf

Queridos hermanos y hermanas:

Retomando la lectura del libro del Génesis nos encontramos con Abrahán intercediendo por los habitantes de Sodoma. Abrahán ha sido testigo del Dios justo y misericordioso que, más allá de fiscalizarlo o condenarlo, lo acompaña paciente y providentemente. Esto lo constata el patriarca en su relación esponsal con Sara; ambos, han debido reconocer sus errores y madurar en el amor. Abrahán confía que la ciudad se salvará más que por el proceder de los justos (cuyo número es irrelevante), cuanto por la misericordia del Dios en el que tiene puesta su confianza.

En el evangelio, Jesús se presenta como aquel que «no tiene donde reclinar su cabeza», solidarizándose con los «sin lugar». A quienes lo sigan les recuerda que han de vivir en libertad total frente a lo material, las personas y las normas religiosas. Esto nos remite a comunidades que: disciernen sobre el uso de sus bienes y no se apegan a ellos; no hacen distinción de personas, atendiendo preferentemente a los más débiles y necesitados; no imponen ni obligan, sino que dan testimonio y acompañan.

Una vida centrada en sí misma, se olvida de su entorno y de servir a los demás. Volcarnos a los demás nos da la posibilidad de sensibilizarnos e implicarnos en procesos de reivindicación y de defensa de la vida. Quien quiera colaborar con el proyecto del Reino ha de vivir a contracorriente del mundo buscando, a impulso del Espíritu, espacios de vida alternativos más incluyentes.

Pidamos a Dios nos conceda la libertad que tuvo Jesús para no apegarse a los bienes materiales y, con valentía, evitemos el consumismo excesivo que nos vuelve dependientes e inseguros. Nos dé su Espíritu, compasivo y solidario, para seguirlo junto a aquellas personas que pasan haciendo el bien y comprometiéndose con todo lo que cuida y defiende la vida.

En comunión fraterna,
Fredy Cabrera, cmf.

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