Comentario al Evangelio del

Adrián de Prado Postigo cmf

Queridos hermanos:

Hace mucho tiempo que los mercados han dejado de ser «de abastos». En realidad, no buscamos en ellos lo que nos basta para vivir hoy sino lo que nos asegura no tener que sufrir nunca carencia alguna. Todo es más caro en estos nuevos mercados; a la postre, el precio es la propia vida. Porque hemos sido creados para la dependencia sencilla y no para la independencia exuberante. La seguridad plena –que, en realidad, no existe– se compra a precio de libertad mermada. Y cuando la libertad sale por la puerta, la vida huye por la ventana.

He aquí por qué nos resultan tan radicales y tan contraculturales los discursos de Jesús y de Pablo que hoy nos ofrece la liturgia. «Te basta mi gracia; la fuerza se realiza en la debilidad» (2Cor 12,9). «Ya sabe vuestro Padre del cielo que tenéis necesidad de todo eso. Sobre todo buscad el reino de Dios y su justicia; lo demás se os dará por añadidura» (Mt ). Ambas son frases de una sabiduría incalculable: la de quien sabe ver lo grande en lo sencillo y lo mucho en lo único. Ningún sabio ha necesitado más cuando realmente lo ha sido. Porque el corazón que se abre sinceramente a Dios termina por vivir sencillamente de su Palabra y por obrar con un ánimo indiviso en favor de su amor. En este sentido, a un corazón tal le basta para entregarse la gracia del Señor, le basta con saber que Dios se cuida de aquellos a quienes ama.

Todos –aun quienes más saciados están y más riqueza acumulan en esta tierra– experimentamos en algún momento el abismo de la existencia. Entonces, cuando nos cercan las preguntas últimas, ¿cuál es nuestro descanso? ¿Cuál nuestra esperanza? ¿Dónde tenemos nuestro abasto? Dejemos que sea el Señor mismo quien nos cuestione. Quizá un día nos descubramos maravillados musitando las palabras de la Santa: Solo Dios basta...

Fraternalmente:
Adrián de Prado Postigo cmf

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