Comentario al Evangelio del

Fredy Cabrera, cmf

Queridos hermanos y hermanas:

Hoy es un buen día para cuestionar nuestra actitud frente a la vida (en todas sus formas) y motivarnos, como creyentes, a cuidarla más. Somos conscientes de las posibilidades que tenemos de irradiar humanidad y, a su vez, hemos podido constatar los horrores históricos cometidos contra «la vida» misma.

En la ciudad cosmopolita de Corinto la confluencia de religiones y encuentro de culturas, en lugar de favorecer el enriquecimiento mutuo suscitaba actitudes de descalificación y confrontación. San Pablo utiliza la imagen del «tesoro» en vasijas de barro para ilustrar que lo más valioso de una persona es su «dignidad». Lo de Dios que habita en todo ser humano no da lugar a la sobrevaloración de la vida de unos en detrimento de la de otros. Es por esta razón que el apóstol reta a la comunidad creyente a no desfallecer en un ambiente tan hostil y a no reproducir este tipo de actitudes. Más bien, los invita a descubrir que la vida adquiere su verdadero valor cuando se abre generosamente a procurar el bien común. Imaginemos el desgaste y dolor de la gestación que abre posibilidades a otras vidas y dimensionemos, de esta manera, las palabras del apóstol: «Así la muerte hace su obra en nosotros, y en ustedes, la vida». Los sacrificios del cristiano sólo tienen sentido cuando generan vida y comunión.

El evangelio, en estos días, continúa presentando lo que ha de prevalecer por encima de la letra de la ley. Frente a la cosificación (reducción a objeto) de la mujer, a quien la legislación judía no amparaba ni defendía, Jesús pide el respeto íntegro de su dignidad y que la ley no sea aplicada favoreciendo al hombre en perjuicio de la mujer. Jesús valora la importancia que tienen las leyes para la convivencia humana y sabe que son necesarias para ponerle un límite a los desaciertos humanos. La buena nueva está en la aplicación de la justicia que reconstruye a hombres y mujeres no sólo en el reconocimiento de sus faltas sino en la reparación del daño hecho. Invitados estamos a favorecer las leyes que buscan la humanización de nuestras relaciones y no sólo la condena de los considerados inadaptados o sospechosos.

Pidamos a Dios en oración para que en nuestras comunidades defendamos las leyes que busquen proteger y defender la dignidad de los seres humanos en cualquier circunstancia o etapa de la vida en que se encuentran.  

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