Comentario al Evangelio del

Alejandro, cmf

Queridos amigos, paz y bien.

Pablo se aprovecha de la división que existe entre los que le acusan para salir libre. Cuesta mucho ponerse de acuerdo, sobre todo si las divisiones están asentadas desde antiguo. Quizá eso sea uno de los problemas que seguimos teniendo en la Iglesia. A pesar de que en el seno de la Madre Iglesia hay sitio para todos (desde la Teología de la Liberación hasta los partidarios de la Misa de san Pío V, y todos somos católicos, apostólicos y romanos) no es sencillo conjugar la unidad en la diversidad.

En la Iglesia hay mucha más libertad que en muchos partidos políticos, por ejemplo. Quizá por eso hay muchas voces. Y es difícil constituir una sola comunidad. Jesús lo veía venir, y reza al Padre, para que “todos sean uno”. He ahí una de las claves para poder ser creíbles en nuestro mundo. En San Petersburgo (la ciudad de Rusia, no la de Florida, EE.UU) iba todas las semanas a la casa de acogida que tienen las hermanas de Santa Teresa de Calcuta. Los allí acogidos me preguntaban durante media hora sobre diversas cuestiones de lo divino y de lo humano. Y más de una vez surgió la pregunta: “Si los ortodoxos y los católicos tienen tanto en común, ¿por qué no podéis poneros de acuerdo y trabajar juntos?” Yo solía replicar que trabajar, trabajamos juntos en varios campos, pero que hay muchos factores históricos que nos impiden la plena comunión. Y eso es un “antitestimonio”. Quizá por eso, cada año, del 18 al 25 de enero, rezo especialmente por la unidad de todos los cristianos.

No sé si podemos hacer mucho para que todos los creyentes en Cristo nos re-unamos. Me refiero a la unión mundial. Pero sí puedo hacer algo en mi parroquia, saludando a las personas que se sientan a mi lado en la Misa, o en mi casa, siendo signo de unidad y no de desunión. O en mi trabajo, o en mis estudios, siendo de los positivos y no de los negativos. Sin difundir “chismes”, sin quejarme, sin llegar tarde, siendo efectivo… Seamos creativos.

Lo que no es posible para las personas lo hace posible el amor de Dios. Cristo nos dijo que no nos dejaría solos, que su Espíritu estaría siempre con nosotros. “Por el amor de Dios” nos podemos sentir todos hermanos, miembros de un mismo cuerpo. Y, de esa manera, ser testimonio. Incluso si no pensamos lo mismo, si no nos gustan las mismas canciones, si no vestimos de la misma manera, o si somos de diferentes edades. Es Cristo quien nos llama, quien nos reúne y nos invita a ser todos uno. Por la gracias de Dios.

Vuestro hermano en la fe,
Alejandro, C.M.F.

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