Comentario al Evangelio del

Alejandro, cmf

Queridos amigos, paz y bien.

Hace años, lo que más me llamaba la atención de este Evangelio eran las palabras de Jesús sobre que no se perdiera ninguno de los que el Padre le había dado. Lo veía como la señal de que para Jesús todos y cada uno de nosotros somos importantes. No somos solo un número en una lista o en un registro. Dios nos conoce a cada uno, nos ama y se preocupa por nosotros.

Y al leer la primera lectura, se ha concretado algo de lo que podemos intuir en el Evangelio: tenemos que sentirnos responsables de los demás. En lo relativo a los hermanos de comunidad, no podemos decir que “no es asunto mío”. Tiene su lógica, si estamos intentando seguir a Cristo, y Él se preocupaba por todos, pero, especialmente, por la oveja perdida.

En nuestro mundo hay muchos, muchos lobos, que nos acechan por todas partes. Es muy fácil relajarse, dejarse llevar, empezar a dejar las cosas que nos ayudan y caer en las garras de lo que el mundo considera normal. Y dejo de ir a Misa el domingo, porque estoy cansado. Y dejo de rezar, porque no tengo tiempo. Y dejo de frecuentar el sacramento de la Penitencia, porque no cambia nada, o porque me da vergüenza…

Y los lobos del mundo nos rodean, y nos dejamos llevar. Y se me olvida que Dios me ama, y se preocupa por mí, y no descansará (y no descansaré) hasta que vuelva. Y ahí entramos los demás, los hermanos, lo amigos, los familiares, los conocidos. Llamando a los que hace mucho que no vienen, preguntando al sacerdote por ese parroquiano que no vemos desde hace tiempo, intentando ayudar si hace falta…

De esta manera, podremos sentir que por todos nosotros corre la savia de Cristo, que nos ayuda a dar fruto. Y así podremos aguantar juntos, al lado de Jesús, a los lobos que intentan mordernos y separarnos del rebaño. En la historia de la Iglesia hay ejemplos de gente que han intentado vivir así. Hoy se celebra a san Bonifacio. Puedes leer algo de su vida pinchando aquí. Un grandísimo testigo de la fe, en Alemania, sobre todo. Un pastor, preocupado por sus ovejas. Un ejemplo para todos.

Vuestro hermano en la fe,
Alejandro, C.M.F.

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