Comentario al Evangelio del

Carlos Latorre, cmf

Queridos amigos:

Al terminar el mes de mayo celebramos  a santa María, la Madre de Dios, que visita a su prima Isabel. Lleva en su seno a Cristo, el Señor. Recorre los caminos de  Palestina para compartir la alegría del regalo de la maternidad con su prima, que a pesar de su vejez, espera también un hijo.

En esta fiesta de la Virgen María son muchísimas las alusiones directas de la Palabra de Dios a la alegría, al júbilo, al regocijo, al gozo, a saltar, a danzar, a ser dichosos…

La Palabra de hoy inflama el corazón de agradecimiento, impulsándonos no sólo a contar la experiencia de Dios en nuestra vida, sino también a cantar las maravillas que Dios Padre realiza en sus hijos.

En María podemos contemplar la plenitud de esta alegría, de esta jubilosa alabanza que le hace ponerse en pie, ponerse en camino y atravesar aprisa regiones montañosas y, de este modo, hacer posible y actual la continua visita de Dios a su pueblo, un Dios que disfruta estando con sus hijos.

-¿Cómo es que la Madre de mi Señor viene a mí?, dice sorprendida Isabel. María en medio de aquellas regiones montañosas viene a traer la alegría, porque lleva en su seno a Aquel que es la verdadera alegría, Jesús.

Su canto “Proclama mi alma la grandeza del Señor” es ante todo un estallido de alegría. Y ¿de dónde nace su alegría? De la experiencia de sentirse mirada por Dios. Hoy no es fácil entender lo que significa “ser mirado por Dios”.

María da una importancia enorme a este acontecimiento, por eso dice que todas las generaciones la llamarán bienaventurada, porque no hay nada más grande que pueda acontecer en la vida de una persona que ser mirada por Dios, es decir, elegida por Él.

Todo ello nos conduce a abrir esos “ojos del corazón,” que saben mirar más allá de las apariencias y permiten captar lo que permanece invisible a la percepción de la mente y sólo puede alcanzarse con el amor. Donde reina el amor allí hay ojos que saben ver en profundidad. Sólo conoce de verdad el que ama. En efecto, la capacidad de amar es como una lente de aumento o un microscopio, que te hace ver lo que los ojos normales no ven.

Ojalá nuestra vida sea también un canto nuevo y bello por las maravillas que dejamos hacer a Dios en  nuestra pequeñez.

Vuestro hermano en la fe
Carlos Latorre
Misionero Claretiano
carloslatorre@claretianos.es

Comentarios
Ver 16 Comentarios
escribir comentario
Por favor escriba las letras como se muestran.