Comentario al Evangelio del

Edgardo Guzmán, cmf.

Queridos amigos y amigas:

En este tiempo de Pascua hacemos una lectura continua del libro de los Hechos de los Apóstoles. El texto que leemos hoy nos presenta la violenta persecución que se desató después del martirio de Esteban. La comunidad de Jerusalén se tiene que dispersar por Judea y Samaría. Es una dispersión que lleva a todas partes el Evangelio, aun en medio de la persecución los primeros cristianos eran capaces de reproducir el modo de ser y de actuar de Jesús. Esos signos que veían de los primeros discípulos y misioneros es lo que llenaba de alegría los lugares donde iban.

Este texto de los Hechos también nos recuerda la dimensión difícil de la fe, la Resurrección de Jesús no nos exime de la incomprensión o las persecuciones.  La Iglesia de hoy, como la de entonces, se enfrenta con circunstancias donde vivir el mensaje de Jesús es a precio de la propia vida. Pensemos en los cristianos que son perseguidos en países donde son minoría religiosa, o tantos sacerdotes, religiosos y laicos que han sido asesinados por defender el derecho y la dignidad de los pobres. Resulta incómodo para este mundo las personas que se toman en serio la vivencia del Evangelio.

La luz de la Pascua debe abrirse paso en medio del dolor, la muerte o la tribulación. Somos llamados a ser portadores de esa luz aún en medio de la noche más oscura. ¿Podría decir como aparece en el libro de los Hechos que aun en medio de las dificultades soy capaz de llevar alegría? ¿La vivencia de mi fe me lleva a reproducir el modo de ser y actuar de Jesús? El testimonio de la primera comunidad cristiana nos sigue invitando a llevar paz donde hay violencia, perdón donde hay rencor, amor donde hay odio. 

Esta es la vida nueva que nos comunica Jesús Resucitado, el pan que sacia nuestra hambre y sed más profunda. A la luz de este texto y de todo el discurso del «Pan de vida» podemos resignificar nuestra experiencia eucarística, la cual no se limita solo al ámbito litúrgico y sacramental. Cuando decimos que comulgamos el cuerpo-pan de Cristo: ¿qué comulgamos? Como dice el Papa Francisco: «El deseo de dejar en el centro de su corazón a Jesús», «comulgar significa pensar como él, amar como él, ver como él, caminar como él». Por el proceso de deglución lo que uno come se transforma en parte de uno, si aplicamos esta metáfora del comer a nuestra vivencia espiritual, al comer el Pan de vida nos transformamos en eso que comemos, por eso afirma Jesús: «el que viene a mi no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás… y yo lo resucitaré en el último día».

Fraternalmente, Edgardo Guzmán, cmf.
eagm796@hotmail.com

Comentarios
Ver 22 Comentarios
escribir comentario
Por favor escriba las letras como se muestran.