Comentario al Evangelio del

Juan Lozano, cmf

Querido amigo/a:

Sin agua no hay vida. Este preciado elemento de la naturaleza está empezando a ser un grave problema, pues lo necesitamos para vivir. Las políticas de producción y consumo todavía no se han decidido con determinación a llevar a cabo un crecimiento sostenible para cuidar y preservar el agua. El número seis de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, habla de ello: “El agua potable y limpia representa una cuestión de primera importancia, porque es indispensable para la vida humana y para sustentar los ecosistemas terrestres y acuáticos. Las fuentes de agua dulce abastecen a sectores sanitarios, agropecuarios e industriales. La provisión de agua permaneció? relativamente constante durante mucho tiempo, pero ahora en muchos lugares la demanda supera a la oferta sostenible, con graves consecuencias a corto y largo término. Grandes ciudades que dependen de un importante nivel de almacenamiento de agua sufren periodos de disminución del recurso, que en los momentos críticos no se administra siempre con una adecuada gobernanza y con imparcialidad. […] En algunos países hay regiones con abundante agua y al mismo tiempo otras que padecen grave escasez.”

La Palabra de Dios hoy nos habla del agua. El agua que brota del Templo descrita por el profeta Ezequiel y que va purificando y curando todo lo que encuentra a su paso. Representa la vida en Dios, cono el agua que recibimos en el bautismo, el agua que se asperja sobre nosotros en el acto penitencial de la pascua, en las bendiciones de los Ramos, al despedir los restos mortales de un ser querido… Agua bendita de la vida, utilizada en los sacramentos y celebraciones.

La misma en la que deseaba sumergirse aquel enfermo que llevaba treinta y ocho años padeciendo su postración sin poder llegar a tiempo a la piscina de Betesda, junto a la Puerta de las Ovejas en Jerusalén. No necesitó llegar a tiempo a la piscina, pues el mismo Jesús le curó con su Palabra de autoridad. El agua del Señor sanó su enfermedad.

Hoy te pedimos Señor que no nos falte el agua que Tú nos das, el agua de la Vida, el agua que sacia de verdad nuestra sed y que ofreciste a la mujer samaritana junto al pozo. Esta agua también es un bien escaso, pues no todos conocen de su existencia ni saben dónde ir a buscarla. Danos de beber de esta agua, Jesús.

Vuestro hermano en la fe:
Juan Lozano, cmf

Comentarios
Ver 20 Comentarios
escribir comentario
Por favor escriba las letras como se muestran.