Comentario al Evangelio del

Carlos Latorre, cmf

Queridos amigos y amigas:

Las enseñanzas de Jesús no pretenden abolir lo que está escrito en el Antiguo Testamento, sino darle plenitud. El Señor ha preparado a su pueblo a través del Antiguo Testamento para terminar aceptando la Palabra definitiva de Dios en la revelación de la persona de Jesús, que es quien da su verdadero sentido a todo lo escrito en el Antiguo Testamento.

Y al mismo tiempo nos invita a orientar y ordenar nuestra vida a la luz de la Palabra de Dios. Es la luz interior que Dios nos da la que nos ayuda a discernir lo bueno de lo malo. Y nos anima a no desfallecer a pesar de nuestros errores. Nadie es perfecto, pero no podemos caminar a oscuras por la vida. Tenemos que estar seguros de lo que es bueno delante de Dios y saber realizarlo.

Nuestra vida por humilde que sea tiene un gran valor. Pero no siempre sabemos si lo que hacemos está bien hecho. De ahí la importancia que tiene la Sagrada Biblia para darnos luz en el camino de la vida. Muchos seguramente dedicáis ilusión y tiempo para leerla en casa y estudiarla. Es el tiempo mejor empleado para recibir la fortaleza y la luz que todo cristiano necesita. Así alimentamos nuestra conversación con nuestro papá Dios y tomamos fuerzas ante los desafíos que la vida nos presenta cada día.

Los autores que han escrito la Sagrada Biblia lo han hecho bajo la luz del Espíritu Santo. Por eso la mejor forma de estudiarla es rezando primero al Espíritu Santo para que nos ilumine y nos guíe a fin de encontrar la verdad y ponerla por obra.

En el evangelio vemos cómo Jesús acudía con su comunidad de Nazaret a la sinagoga, leían la Biblia y la comentaban. En la liturgia de la Iglesia, en la Misa, siempre se lee la Biblia primero y luego se comenta para iluminar la vida de cada uno de los presentes. Suele ser el momento más delicado porque me tengo que preguntar qué me está diciendo a mí personalmente mi Padre del cielo, cómo lo pondré en práctica.

Justamente  hoy el salmo nos dice: ¡Ojalá escuchéis la voz del Señor: No endurezcáis el corazón!

Vuestro hermano en la fe
Carlos Latorre
Misionero Claretiano
carloslatorre@claretianos.es

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